Los ciudadanos chinos se la juegan a lo grande

Los ciudadanos chinos no suelen prodigarse en locales de ocio más allá de las salas de juegos./
Los ciudadanos chinos no suelen prodigarse en locales de ocio más allá de las salas de juegos.

La comunidad oriental destaca, fuera del ámbito laboral, por su afición al juego, prohibido en su país desde 1949

NIEVES BOLADOSantander

Si usted es de los que piensan que la meca mundial de los juegos de azar está en Las Vegas, le sorprenderá saber que hace diez años en 2006 la ciudad artificial estadounidense perdió este título. Es la excolonia portuguesa de Macao con un estatus muy parecido al de Hong Kong en China donde se juegan al año alrededor de 45.000 millones de dólares, una cantidad que septuplica lo que los jugadores dejan en las mesas y las máquinas de La Vegas. De los 22 millones de personas que acuden al año a este macrocasino, el 50% son chinos, eso sí, adinerados.

Y es que Beijing prohibió los juegos de azar en 1949, al considerar el partido comunista chino el juego como uno de los seis males de la sociedad junto a la pornografía, la superstición, las drogas ilícitas y el tráfico de seres humanos. Por este motivo, los casinos no están autorizados para operar en China. Sin embargo, muchos chinos tienen una inclinación hacia los juegos de azar, una tradición milenaria.

Lejos de las megacantidades que se pueden jugar los chinos en Macao o en cualquier lugar del mundo, las colonias asentadas en países que, como en España, permiten el juego, hacen que sean importantes clientes de las salas de juego y de los locales de hostelería, atraídos sobre todo por las tragaperras. En Cantabria, la colonia de ciudadanos orientales están censados oficialmente 1.107 (datos del Instituto Nacional de Estadística) se dedica principalmente a la industria, el comercio o como mano de obra de sus nacionales, y cuando sus largas jornadas laborales finalizan, no suele prodigarse en locales de ocio más allá de las salas de juegos.

Nunca apuestan al 4 porque da mala suerte, pero sí al 8

Aunque no dan datos de cómo juegan los chinos, o si tienen alguna técnica especial, lo que sí saben quienes andan cerca del juego es que nunca apuestan al número 4 o cualquier otro número que lo contenga. La explicación la da el ciudadano chino, afincado en Torrelavega, Wei Pu Li: "Este número (no lo verbaliza) en su pronunciación en mandarín (si) es igual al de la palabra muerte". Todo lo contrario que el número 8 "porque en chino suena como prosperidad o riqueza", por lo que se le considera un número afortunado. Se han pagado grandes sumas para tener este número en matrículas de coches o por habitar un piso en esa planta.

Pero no todo es juego limpio. En 2013 se desarrolló en España, por parte de la Guardia Civil, la Operación Mergos por la que se detuvo a seis ciudadanos chinos y un español dedicados al juego fraudulento en las máquinas recreativas. La operación se inició en Santoña, donde se intervino un vehículo ocupado por hombres de nacionalidad china que portaban varillas de alambres, frascos de pegamento, billetes manipulados, un potente imán y un completo dispositivo electrónico. Las varillas eran utilizadas para introducirlas en las ranuras e insertaban billetes de 20 euros manipulados en los que colocaban un hilo en el extremo para conseguir su pesca.

Hay locales muchos de hostelería o combinados con sala de azar donde desde primera hora los clientes chinos, pacientemente, surten de monedas a las máquinas en un goteo casi interminable. Aunque esta actividad, a veces hasta algo frenética, puede levantar la suspicacia de los asiduos a estos locales, lo cierto es que no existen problemas con este colectivo. "Algunos hosteleros nos han trasladado este hecho, pero no hay constancia, ni ahora ni antes, de que estos jugadores hayan causado algún problema", explica José Ramón Sáinz, empresario del sector y presidente de los industriales de este tipo de juego de azar en Cantabria, Aceo (Asociación Cántabra de Empresas Operadoras de Máquinas Recreativas).

Este especialista en las máquinas recreativas sí conoce que una de las tradiciones chinas más antiguas "es su afición al juego". "Lo que sí es cierto es que ellos hacen apuestas más fuertes que las que pueda hacer un jugador occidental. Quien apuesta mucho aumenta las posibilidades de obtener un premio", explica.

También existe una razón que podría situarse en el ámbito casi de la sociología: "Los chinos ganan dinero y no se les verá gastárselo en lugares de recreo, pero sí en una máquina tragaperras", explica un industrial con una sala de juegos abierta en Santander. Se abona a la teoría de José Ramón Sáinz: "Apuestan grandes cantidades porque así se garantizan el éxito y nunca dejarán una máquina, bajo ningún concepto, para el que llegue detrás si los premios están al caer", detalla.

No suelen ser clientes habituales de los bingos de cartón tradicionales, "y tampoco del electrónico. Se decantan por las máquinas recreativas", explica Fernando Murieras, empresario del sector en Torrelavega. Añade una "sensación", ya que piensa que "es un juego lento para ellos, quizás más acostumbrados al envite rápido". Además apunta un dato interesante: "Creen dominar una técnica matemática que les permite ganar y aquellos más hábiles suelen jugar con el dinero que le facilitan varios compatriotas para que saquen rentabilidad".

Clientes del Casino

Clientes habituales del Gran Casino de El Sardinero, hace años las salas de juego del centro santanderino del azar se poblaban abultadamente de jugadores de esta nacionalidad que hasta llegaban, incluso, de comunidades vecinas, Oviedo o Bilbao. Esta empresa pública, gestionada por una gerencia privada, no da ningún dato sobre sus jugadores, pero basta una mirada a las salas de juego para comprobar que están mucho menos pobladas que antaño, aunque frente a sus ruletas suele haber algún oriental. En las salas dedicadas a las máquinas tragaperras la presencia de ciudadanos chinos es más numerosa. Suelen ser jugadores jóvenes. Existe un mito en torno a los chinos, el juego y las máquinas tragaperras y es el que siempre ganan en las máquinas. Los empresarios desechan que exista una forma de juego estereotipada aludiendo, de nuevo, "a que no sueltan la presa hasta ver caer las monedas del premio".

 

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