Sáenz de Buruaga hace un guiño a Revilla y niega que el PP tenga «aversión» al PRC

María José Sáenz de Buruaga en una foto de archivo junto a Revilla/Javier Cotera
María José Sáenz de Buruaga en una foto de archivo junto a Revilla / Javier Cotera

La líder del PP recoge el guante de De la Sierra y el presidente regional y reconoce que ha habido un acercamiento durante los últimos meses

Enrique Munárriz
ENRIQUE MUNÁRRIZSantander

La política hace extraños compañeros de cama y, a veces, consigue volver unir a parejas que acabaron en un divorcio traumático. PP y PRC han pasado de tirarse los trastos a la cabeza y no ser capaces de descolgarse el teléfono la noche electoral para intentar llegar a un acuerdo, a un tímido deshielo que deja las vías abiertas para volver a «sentarse a hablar en 2019 con los resultados en la mano» de cara negociar el próximo Ejecutivo.

El primer paso lo dio el consejero de Presidencia y Justicia, Rafael de la Sierra, quien el domingo confesó en una entrevista con este periódico que «el PRC no tienen alergia a gobernar» con los populares. Ante el revuelo de sus socios en el bipartito (PSOE), el presidente regional, Miguel Ángel Revilla, trató de templar las aguas y aseguró que, a pesar de que la dirección del PP había cambiado, lo veía «complicado» porque tienen «aversión» hacia los regionalistas. Sin embargo, María José Sáenz de Buruaga negó este miércoles tener ninguna antipatía por los que durante ocho años fueron sus coaligados en el gobierno durante el mandato de José Joaquín Martínez Sieso y dio un paso más ayer en ese acercamiento.

«Estaré donde el Partido Popular me necesite»

«Soy una persona de tiempos y de procedimientos. Si voy a ser yo o quién vaya a ser el candidato autonómico, esto es un proceso compartido, esto es un proceso coordinado por la dirección nacional», indicó ayer la presidenta del PP, María José Sáenz de Buruaga, quien insistió que es una «mujer de partido» y estará «a disposición» del PP y donde la formación «necesite».

Respecto a los plazos para el nombramiento de candidatos, Buruaga opinó que es el nuevo presidente, Pablo Casado, el que tiene que marcarlos, aunque considera que «lo razonable» es que se ponga a trabajar en este proceso de designación en septiembre y que esté concluido para final de año. Sáenz de Buruaga aseguró haber recibido «el calor» y el «apoyo» de Casado a la Dirección regional del PP de Cantabria.

Sáenz de Buruaga reconoció que desde que el año pasado tomó las riendas del PP en el último Congreso Regional ha tratado de «normalizar las relaciones» con el resto de fuerzas políticas; «especialmente», con las que a lo largo del tiempo ha habido «sintonía ideológica» o «más coincidencia» sobre el proyecto para Cantabria. Una declaración de intenciones que está muy alejada de un posible acuerdo. «Los pactos son otra cosa y se toman después de las elecciones», recalcó la dirigente popular, cuya formación es consciente de que el tiempo de las mayorías absolutas ya pasó, y si quiere volver a Peña Herbosa, sede del bipartito, tendrá que sellar nuevas alianzas.

Este 'deshielo' coincide con el giro a la izquierda que anunció durante la Fiesta de la Rosa de Torrelavega el secretario general del PSOE y delegado del Gobierno, Pablo Zuloaga. Dijo que «tiene claro» que el futuro de las consejerías socialistas del Gobierno regional pasa por «llegar a entendimientos con Podemos para sacar adelante las cuentas de 2019», tal como se acordó en la última Ejecutiva del partido. Muy despegado de su socio en el bipartito (ni citó a los regionalistas), Zuloaga reivindicó a su organización por contar «con un proyecto absolutamente regenerado» y como la única que, hoy, tiene candidato y «un plan para Cantabria», decidido «hace meses» frente a otros, que aún andan «deshojando la margarita», en referencia a su socio.

A pesar de ello, la presidenta del PP prefiere ser muy cauta después de la guerra abierta que durante los últimos años mantuvieron ambas formaciones. A nadie se le escapa la batalla judicial que el PP de Ignacio Diego, su antecesor en el cargo y del que fue su mano derecha, emprendió contra el anterior bipartito y las descalificaciones que él y Revilla llegaron a hacerse.

La tensa relación entre Revilla y Diego acabó con los procesos judiciales abiertos contra varios consejeros y con descalificaciones personales. El regionalista bautizó al dirigente popular como «el pisapuros», después de que Diego pisara el habano que el presidente había dejado en el alféizar de una de las ventanas del Parlamento regional.

Ahora las cosas han cambiado, según reconocen Sáenz de Buruaga y De la Sierra, quienes confían en que esa etapa de confrontación «está superada, aunque «todavía está habiendo algunas declaraciones dinamiteras que no responden a cuestiones de lealtad institucional, con temas muy serios e importantes en los que todavía hay un rescoldo».

Líneas rojas

Sáenz de Buruaga sólo marcó una línea roja: «El Partido Popular nunca ha hecho presidente a quien no ha ganado las elecciones y es algo que nunca hará». Toda una declaración de intenciones que no es baladí y abre más vías de negociación de las que puede parecer inicialmente. La política cántabra ha vivido el año pasado su tormenta perfecta. Todas las formaciones políticas, excepto el PRC, han sufrido una crisis interna y han vivido un cambio de rumbo cuyas turbulencias todavía se dejan notar, especialmente en PP y PSOE.

Con este panorama, Revilla y De la Sierra se ven por primera vez con posibilidades de ganar y convertirse en la «fuerza hegemónica» mientras que los populares dan por hecho que bajarán de los 13 escaños que tienen actualmente, más después de perder el Gobierno central, y pueden convertirse en segunda fuerza. Ese escenario sería propicio para que Buruaga cumpliese su máxima y pudiera ofrecer la presidencia del Gobierno a la «fuerza más votada» y regresar al Ejecutivo tras cuatro años.

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