Andrea García: «Como voluntarios, los mayores aportan mucho»

Andrea García, en la sede de la Fundación Acorde, en Nueva Montaña. /Roberto Ruiz
Andrea García, en la sede de la Fundación Acorde, en Nueva Montaña. / Roberto Ruiz

Andrea García, psicóloga y voluntaria de la Fundación Acorde, considera que el voluntariado es una vía de doble sentido «en la que todos se benefician», y advierte de adicciones como la del juego

Mariana Cores
MARIANA CORESSantander

A Andrea García (Santander, 1994) siempre le llamó la atención el voluntariado. Empezó a colaborar de manera puntual, hasta que conoció la Fundación Acorde, donde adquirió un compromiso firme. Cuando comenzó, estaba estudiando Psicología. Ahora, continúa formándose en Educación Social. Afirma que el voluntariado va «en una doble dirección. Ayudo, pero también recibo una experiencia muy valiosa para mi futuro».

-¿Qué le llevó a ser voluntaria en la Fundación Acorde?

-Comencé como voluntaria de la Fundación en noviembre del 2013, casi sin querer. Yo formaba parte de la bolsa de voluntariado del Ayuntamiento de Santander. Me llegó un mensaje en el que pedían voluntarios para ayudar en las Jornadas de Patología Dual. En ese momento estaba al comienzo de mis estudios en Psicología y me pareció una oportunidad de oro poder echar una mano en algo que me interesaba tanto. A partir de ahí conocí a los profesionales de la Fundación, preparamos más actividades de voluntariado ¡y aquí sigo!

-¿Cuáles son los objetivos de la Fundación?

-La Fundación Acorde se dedica a la promoción de la salud mental y el bienestar en Cantabria. Lo hace, especialmente, a través del Centro de Rehabilitación Psicosocial para personas con Patología Dual, pero también con jornadas, charlas, formación a las familias y a los afectados, sensibiliza a través de campañas y documentos, etc.

-¿En qué consiste su labor?

-Cuando empecé, el objetivo fundamental era recaudar dinero a través de actos solidarios para hacer realidad el Centro de Rehabilitación. Después, he participado en la creación de campañas para dar a conocer la Fundación, diseño de cartelería e imágenes para las redes sociales, grabación de vídeos, creación de una guía de divulgación... ¡un poco de todo! Y más que compaginarlo con mis estudios, en mi caso ha sido un complemento. Ser voluntario implica dedicar tu tiempo libre, por lo que siempre he intentado reservar esos pequeños espacios para participar en un proyecto.

-Cuando se piensa en adictos, normalmente se les asocia a drogas ilegales. Pero hay mucho más.

-Quizás por la historia de nuestro país y por lo que vemos en las películas, esa es nuestra primera imagen. Sin embargo, hay más. Desde el alcohol, el tabaco y el café hasta el sexo, los juegos de azar, los móviles o los videojuegos. Estamos viendo muchísimos casos de jóvenes que se inician en el juego 'online' y que están desarrollando adicciones. Están apareciendo casas de apuestas por todos los rincones, en cada calle. Como ciudadanos, tenemos que poner el grito en el cielo porque, sintiéndolo mucho, no son más que espacios generadores de adicciones.

«Las casas de apuestas no son más que espacios generadores de adicciones»

–¿Cuáles son las ventajas de tratar las patologías psíquicas con las adicciones, de manera conjunta?

–Tenemos que entender que somos un sólo cuerpo. Los problemas que tenemos no están divididos en diferentes cajones, como si fuéramos armarios. Por tanto, no tiene sentido tratarlos como tal. Habrá que trabajar con la persona en su conjunto. Entender que lo que sucede está interrelacionado. Las adicciones y los trastornos mentales se afectan mutuamente, por eso es tan importante ofrecer una rehabilitación que entienda la patología dual, y no los problemas por separado. No es que existan ventajas, es que es la única manera de hacer un buen trabajo.

-En la Fundación están en plena campaña para captar voluntariado mayor de 60 años. ¿Por qué ese nicho?

-Las personas de más de 60 años tienen mucho que ofrecer, tienen una energía diferente y es fundamental que tengan un papel activo en la sociedad. Ser voluntario es una de las mejores maneras. Además, aquellos que han vivido más años tienen conocimientos y experiencias que nosotros ignoramos. Es fundamental para todos valorarlas. Además, los usuarios de la Fundación se benefician de conocer la realidad de su comunidad.

-¿Si tuviera que idear y dirigir una campaña para captar voluntarios jóvenes, qué estrategia elegiría? ¿Cómo les incentivaría?

-Creo que intentaría reflejar que absolutamente cualquier persona tiene algo que aportar a los demás. Un voluntario no es más que alguien que regala lo más valioso que tiene: su tiempo. Muchos jóvenes aseveran que no saben hacer nada especial o que no tienen habilidades suficientes. Sin embargo, cualquiera capaz de bailar, practicar un deporte, un arte, con conocimientos sobre algo que le interese, o sencillamente, con ganas de ayudar a los demás, es un candidato perfecto. Y cuando regalas tu tiempo, lo que das se te devuelve multiplicado. Esa es la magia.

-¿La salud mental sigue siendo un tabú entre los jóvenes?

-Sin duda, lo es. Pero creo que esta realidad está cambiando. La salud mental busca mejorar nuestro día a día, y esta idea va calando en la sociedad, quizás más fácilmente entre los jóvenes. Es fundamental que todas las personas lo reivindiquemos: la salud mental es un derecho, y desarrollarlo, forma parte de nuestras vidas. Lo mismo que nos parece estupendo que alguien realice deporte para mantenerse sano, deberíamos tener esa percepción de alguien que decide acudir a un profesional para mejorar su calidad vida. Y, por supuesto, no dejar de hablar de ello: visibilizarlo y comentarlo a nuestro alrededor.