«Ahora hay más censura que con Franco»

Moncho Borrajo presenta el sábado su último espectáculo en Santander./Irene Mansilla
Moncho Borrajo presenta el sábado su último espectáculo en Santander. / Irene Mansilla

El humorista Moncho Borrajo estrena el sábado en el Teatro Salesianos de Santander su último espectáculo '¡Madre mía, cómo está España!', un repaso a la vida política y social

LOLA GALLARDO SANTANDER.

Moncho Borrajo (Galicia, 1949) estrena el sábado en el Teatro Salesianos de Santander 'Madre mía, cómo está España!' (20.30 horas), su último espectáculo de humor en el que «solo el título ya dice mucho, ¿no crees?». En esta ocasión, lejos de Shakespeare y Quevedo, sus últimos montajes, repasa la vida política de España, el procés catalán y los cotilleos de sociedad. Pero con cuidado, porque como reconoce «hay más censura que cuando estaba Franco» y es que lo políticamente correcto «te impide tener humor».

-¿Terminó definitivamente con Shakespeare y Quevedo?

-Si, ya está terminada esta trilogía y ahora estamos con 'Madre mía, cómo está España!', que el título ya lo dice todo. ¿No crees?

«En este país tenemos una ética que es un chicle. Se estira según nos viene bien»

-¿Pero está bien o mal?

-Yo la veo como siempre pero con distintas caras. Hablo de lo que está ocurriendo en España, en Cataluña, aunque la política no ocupa demasiado espacio porque creo que la gente está un poco cansada y también porque los políticos de hoy en día tienen muy poco sentido del humor y con eso de lo políticamente correcto estamos llegando a unos niveles de censura, peor que en la época de la Inquisición.

-Lleva ya 45 años sobre los escenarios, ¿ha cambiado el humor?

-Hay que tener más cuidado. Un día conté un chiste de homosexuales y una chica me llamó homófobo y le dije, vamos a ver señorita, que yo soy homosexual de toda la vida, ¿no puedo reírme de mí mismo? Estamos llegando a unos niveles en los que la gente se ofende enseguida y luego cuando pasan cosas gordas nadie se ofende. Cuando dices una tontería sobre una mujer se te tiran a la chepa. Y yo respondo que lo está diciendo un cómico no un filósofo.

«El tema del procés y Puigdemont lo coge Valle Inclán y hace un magnífico esperpento»

-Su último montaje también se refiere al procés catalán.

-Creo que lo que empezó siendo un tema serio, cuando un pueblo quiere ser independiente, ha llegado al esperpento valleinclanesco. Este tema lo coge Valle Inclán y hace un magnífico esperpento, tanto con Puigdemont como la señorita que se cambia de peinado en Suiza. La gracia es que se han juntado en Suiza Urdangarín y Gabriel. Luego están los EREs de Andalucía, las desapariciones de millones y no pasa nada.... Tengo dos opciones, o me lo tomo a risa o me suicido.

-¿Qué personaje político le atrae más desde el punto de vista humorístico?

-Tenía más sentido del humor de Fraga o Carrillo que los señores de ahora, que tienen muy poco sentido del humor. Y luego están los personajes que nos quieren quitar el trabajo, como el señor Rufián, al que yo le digo que para ser payaso hay que ser muy serio y él no lo es. Yo todo esto lo cuento en el espectáculo, aunque desde que lo estrené han cambiado muchas cosas porque cada quince días me sale un tonto nuevo. O listo, depende de cómo se mire. El espectáculo da para mucho.

-¿España ha perdido el humor?

-Lo que está pasando es que somos más papistas que el Papa. En este país tenemos una ética que es como un chicle, se estira según nos viene bien. Como la gente está muy crispada, cualquier cosa que dices saltan, pero lo curioso es que saltan con las cosas pequeñas, no con las importantes. El sentido del humor en este país ha pasado de un humor en el que te podías meter con casi todo a todo lo contrario. Mi norma siempre ha sido no contar chistes de cojos o minusválidos y nunca me he metido con la religión. Otra cosa es si un señor que pertenece a la iglesia católica dice una burrada. Si un arzobispo dice que los homosexuales somos unos tarados mentales, yo digo su nombre y le contesto a él. Ahora se ha puesto de moda que lo gracioso es decir animaladas sobre los cristianos. El otro día yo le decía al alcalducho de Santiago que Jesús decía que si te dan una bofetada pongas la otra mejilla, pero de la tercera no dice ni quién la da ni con qué fuerza. El sentido del humor es una filosofía, no se compra en las farmacias.

«El sentido del humor es una filosofía de vida. No se compra en las farmacias, lo tienes o no lo tienes»

-¿Cómo sería el mundo sin humor?

-Para suicidarnos... Eso sí, hay sectores que no tienen ningún sentido del humor, entre ellos, las feministas radicales. Yo estoy de acuerdo con su lucha, pero también hay hombres maltratados. Por ejemplo, se metieron conmigo porque llamé guarra a Anna Gabriel por olerse el sobaco. ¿Qué quieren que le llame? Una señora que lleva dos camisetas y está sudada, mete la mano en el sobaco y lo huele... ¿Qué quieres que le llame? También se ofenden si digo que el corte de pelo parece un hachazo... Luego está aquella foto de las chicas de la CUP sobre la que yo dije: Dios mío doy gracias a Dios por ser homosexual. Hubo gente que protestó. Y yo les dije: no son feas, son molestas de ver. Antes se hacía humor de todo tipo, recuerdo a un cómico que hacia el mapa de España sobre el cuerpo de una chica y ahora si lo haces te matan. Eso sí, si lo haces encima de un hombre no pasa nada.

-¿Alguna vez ha sentido el peso de la censura?

-Ahora hay más censura que con Franco. Antes sabía lo que no tenía que decir. Ahora, con lo políticamente correcto, no sé qué es lo que no puedo decir. Lo peor que tuvo el franquismo fue la autocensura. Pero ahora, incluso un grupo de políticos ha querido plantear una medida para que no se hicieran chistes de políticos. ¡Es el colmo! No podemos ir a sus casas a quejarnos, no podemos llegar al Congreso porque está la policía y ahora no se les puede decir nada. ¿Entonces para qué es el sueldo que cobran?

-¿Cuándo supo que lo suyo era hacer reír?

-Desde muy pequeñito. Estaba en el colegio con unas gafotas que parecía rompetechos y pensé... o hago reír o el balón no es para mí.

-¿Y a usted qué le hace reír?

-Los niños y los ancianos cuando dejan caer esas cosas que dicen ellos.

-Si es cierto eso que dicen de que la risa alarga la vida, ¿cuántos años piensa vivir?

-Mi padre vivió 91 años y mi abuelo 102, tengo 68, así que todavía me queda para rato.

-Terminemos con un chiste.

-Es una señora mayor, de 86 años que mata a su marido. Va al juicio y el juez le pregunta la edad, y ella responde, 86. ¿Y cuándo se casó con su marido Edelmiro? A los 24, llevo 62 años casada. ¿Y cómo ha asesinado a su marido después de tantos años de casada? Le voy a ser sincera, responde la señora: yo quería matarlo, pero lo fui dejando, lo fui dejando... y me di cuenta de que si lo dejaba moría él solo (ríe). Yo tengo la esperanza de que los jubilados, además de manifestarse, vayan al espectáculo.

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