Cómo convencer al público más sincero

Cómo convencer al público más sincero

La escena infantil crece en Cantabria con los estrenos de tres obras de La Machina, Café de las Artes y Quasar Teatro | Los niños han dejado de ser los espectadores del teatro del futuro y se han convertido en los del presente

Rosa Ruiz
ROSA RUIZSantander

Dos compañías cántabras abren y cierran una nueva edición de la Feria Europea de Artes Escénicas para Niños y Niñas (Fetén) en Gijón. El evento más importante para un sector que está en auge. La Machina estrena hoy en la ciudad asturiana su nuevo montaje 'Olivia y las plumas', una delicada obra con tintes ecologistas basada en un cuento de Susana Isern y Esther Gili. El viernes será el Café de las Artes el encargado de representar por primera vez su obra: 'El inolvidable viaje de Nana', un espectáculo con teatro gestual y circo como principales lenguajes escénicos. No es tan fácil participar en esta Feria. Este año serán más de 700 profesionales los que acudan como acreditados al que está considerado como uno de los escaparates escénicos más importantes y consolidados del país. De nuevo, la calidad ha sido primordial en la selección de las 87 producciones, elegidas entre los 841 montajes presentados este año y procedentes de 27 países, cifra que batía récords frente a ediciones anteriores.

A estos dos se estrenos se sumará el próximo día 16 de marzo el que la compañía Quasar Teatro presentará en el Palacio de Festivales. Se trata de 'Había una vez un pedazo de madera', un cuento musical para clarinete y actriz basado en la obra 'Pinocho', de Carlo Collodi.

Los llamados espectáculos para público familiar han ganado ya su sitio en las programaciones de las salas de la región. Hoy mismo, el Teatro Concha Espina de Torrelavega y el Café de las Artes llenarán de niños sus butacas con diferentes propuestas. En España alrededor de 1.500 compañías están especializadas en este tipo de espectadores. No todas se dedican exclusivamente a los niños, pero la cifra da una idea de cómo el sector ha estallado en los últimos años. Un fenómeno que en Cantabria no es ajeno. Pero ¿cual es la fórmula para mantener atentos en la sala a pequeños, en algunos casos de meses?

Julia Ruiz Carazo dirige la obra que hoy estrena La Machina en Fetén. Tiene su propia compañía en Granada, donde reside, que nació hace veinte años y sólo se dedica a este tipo de teatro. «El teatro infantil es una realidad desde hace muchísimos años, lo que pasa es que algunas compañías hemos tenido que pelear mucho para dignificarlo. Cuando empezamos estaba infravalorado y parecía que a los pequeños se les podía dar cualquier cosa y a los que nos dedicábamos a esto nos empequeñecían. Ahora las compañías, la mayoría, están muy profesionalizadas desarrollan una labor de investigación antes de cada estreno y trabajan codo con codo con los maestros. No se deja nada al azar», dice.

Comenta, entre risas, que cuando empezó mucha gente le preguntaba si no iba a hacer nunca «teatro de verdad» pero también afirma con rotundidad que eso ahora está superado. Según su experiencia «si trabajas con cariño y sinceridad te harás enseguida con el espectador infantil. Para mí, actuar para bebés de tres a seis meses es una escuela, porque a esa edad son especialistas en el teatro gestual por lo que un actor o actriz que trabaje para ellos tiene que ser muy auténtico. Tiene que tener una energía limpia, clara y dirigirse a ellos muy de verdad porque enseguida van a captar si estás o no bien».

La actriz Patricia Cercas protagoniza 'Olivia y las plumas' la obra que hoy se estrena en Fetén. Un cuento que, según señala, le cautivó desde que cayó en sus manos. «Mi personaje me gusta porque es una niña que no se le pone nada por delante, que es divertida, lista y dispuesta a ayudar a los animales. Es una chica de pelo rojo, que viste con una camisa, unas botas y unos vaqueros. Es muy real». Esa veracidad y cercanía a la hora de tratar a los pequeños espectadores es para la intérprete uno de los motivos del éxito de este tipo de propuestas.

Cercas asegura que aunque, en general, los niños están bastante infravalorados y hasta ahora se les ha tratado como al público del futuro, «en realidad eso no es verdad. Son nuestro público de ahora, del presente. Un público actual al que hay que cuidar exactamente igual que al público adulto o incluso superior».

Los niños como jurado

Desde el Café de las Artes, que ahora cumple diez años de andadura, sus responsables Alicia Trueba y Cristian Londoño reconocen que su ciclo infantil 'Merienda en el teatro' es uno de los que más espectadores lleva a su espacio escénico de la calle García Morato. A la hora de programar, estos gestores, que también son intérpretes y directores de su propia compañía, intentan llevar a su sala una programación lo más variada posible. «De hecho buscamos traer una muestra de las últimas tendencias tanto en teatro gestual, marionetas o circo. Incluso el año pasado ofrecimos un concierto en inglés que fue un exitazo», señala Alicia Trueba para quien «es importante dar un amplío abanico de posibilidades para que puedan elegir y descubrir lo que más le gusta».

En el Café de las Artes el año pasado dieron un paso más y crearon el Premio Canica, un galardón que conceden los pequeños espectadores al montaje que más les ha gustado del ciclo. «Nuestro propósito no consiste sólo en que los niños vayan a la sala, vean la obra y luego se marchen a casa. Por eso creamos este premio que les da la posibilidad de juzgar lo que les ofrecemos y, de alguna forma, esto hace que se vaya despertando su conciencia critica», explica Trueba.

Así tras los espectáculos, los niños y niñas miembros del jurado de los Premios Canica puntúan la obra en función de la historia, la interpretación de los actores, el vestuario, la escenografía y la música. Y el espectáculo que más canicas consigue recibe el premio de volver a ser programado en la siguiente edición. En 2018, el ganador fue 'Tras la escoba', una obra que, precisamente, se vuelve a poner hoy domingo en escena como flamante ganadora.

El montaje de la compañía Barré, que fue el que más gustó a los pequeños espectadores del Café de las Artes el pasado año, ha sido representado en más de 250 ocasiones a nivel nacional e internacional y está basado en la jornada laboral de un barrendero. ¿Qué tiene esa obra? Pues que el protagonista se va encontrando diferentes y divertidas situaciones, casi siempre provocadas por sus despistes y sus diferencias, para acabar convirtiendo su caos en bonitos números de circo llenos de fantásticas habilidades, manipulación de escobas, acrobacias y equilibrios imposibles. Todo tratado desde un teatro gestual, con un entrañable personaje con una peculiar visión de la vida, impregnado de humor y con el carisma del cine mudo.

Y es que, tal y como explica Alicia Trueba, a los niños ya no les vale cualquier cosa. «En los últimos años han asistido a un buen número de representaciones y ya tienen el suficiente criterio como para saber lo que es bueno o no».

Rigor

«El problema es que muchas compañías aún tratan a los niños como si fueran idiotas». Así opina Mónica González, directora de Quasar Teatro, que está a punto de estrenar: 'Había una vez un pedazo de madera'. Su compañía, que se creó hace ya doce años apostó desde el principio por este tipo de público.

En estos años, según explica, «ha evolucionado el rigor» en los espectáculos que se presentan a los niños pues, en su opinión, muchas compañías que se dedicaban a la infancia descuidaban la calidad y las formas. «Me refiero al rigor en la puesta en escena, en el lenguaje en lo que quieres decir y cómo se ha estilizado».

Para ella la rigurosidad tiene que ser la misma, «tanto si te diriges a un público infantil como adulto» y considera que la oferta de ahora no es mayor a la que había cuando creó su compañía. «Lo que ha crecido es el público familiar, es decir cada vez más papás y mamás se platean con los peques ir a ver un espectáculo que todos van a disfrutar por igual. Antes eso no pasaba», indica.

También cree que es bueno apostar por nuevos lenguajes escénicos. «No hay que cerrarse con los niños. Uno de nuestros montajes, 'El pato y el tulipán' aborda el tema de la muerte y el último, que lleva por título 'De agua y barro' plantea el derecho a crear, a mancharse frente a los parámetros de normalidad que nos imponen. Por eso, en este nuevo espectáculo que estrenaremos en marzo nos arriesgamos con una nueva obra musical, una pieza contemporánea de clarinete, que basándose en el cuento de Pinocho cuenta también con la participación de una actriz».