Boxeo

'El Niño' retiene su cinturón de campeón de Europa

Sergio García 'El Niño' muestra el cinturón de campeón de Europa, que ha retenido por segunda vez./Daniel Pedriza
Sergio García 'El Niño' muestra el cinturón de campeón de Europa, que ha retenido por segunda vez. / Daniel Pedriza

El púgil cántabro gana a los puntos a Rabchanka tras un combate durísimo y emocionante | La decisión de los jueces se hizo esperar, pero finalmente le dieron la victoria al cántabro por unanimidad y el público estalló

MARCOS MENOCAL y ASER FALAGÁNSantander

'El Niño' retiene su cinturón de campeón de Europa del superwélter después de ganar a los puntos una pelea durísima, ante un rival, Rabchanka que no se rindió y que le hizo daño con la potencia de sus puños. Ni con música se podía contener la presión. Tensión en estado puro. Los minutos precedentes a la salida al escenario de Sergio García fueron eternos. Las gradas querían verle. Saber que estaba ahí y que sus vecinos le iban a ayudar. A las 23.30 horas en punto los acordes del 'Thunderstruck' rompieron el 'status quo'. Todo el mundo en pie. Corazones acelerados. Nervios. Miradas clavadas en el vestuario. Taquicardia. Las luces parpadeaban. 'Maravilla' Martínez, doce veces campeón mundial y promotor de la velada daba las gracias por lo que iba a venir. Los árbitros, belgas, fueron los primeros en llegar al cuadrilátero; traje, pajarita. Los jueces de silla, Italia y Croacia El 'speaker' en silencio. Turno de las banderas; Bielorrusia, España y Torrelavega. Y al fin... Silbidos y más silbidos. De fondo el sonar de un campana. Algún aplauso en la lejanía. Serguei Rabchanka subió al ring con una sonrisa socarrona en su rostro. Experiencia. Y, de repente... El campeón. Ovación cerrada. Pelos de punta. Cara de concentración. Mirada impenetrable. Sergio García 'El Niño' entró en el infierno de las doce cuerdas detrás de una enorme bandera de su ciudad y con los gritos de «'Sergio, Sergio, Sergio» enmudeciendo la megafonía. Los himnos amarraron las piernas de los presentes al suelo. Respeto. Primero el bielorruso y después del español. Y... Sonó la campana.

La pelea comenzó con el bielorruso adueñándose del centro del ring. Sergio bailaba y evitaba las combinaciones de su oponente, dispuesto a que el combate no durase mucho. Pero los directos del cántabro le mantenían a raya. Sin embargo, ninguno de los dos boxeadores se descubría. Respeto. Sin manos claras, sonaba la campana. Sergio le llegaba, pero sin fuerza. El bielorruso esperaba su turno y cada vez que lanzaba los puños silbaba el aire. El Pabellón quería ayudar. Rabchanka no se inmutaba.

En el tercer asalto comenzó el intercambio de golpes y la pelea se encrudeció. La zurda de Sergio llegaba, pero sin que el bielorruso lo notase. Un gancho al mentón de Rabchanka levantó al público. 'El Niño' cogió aire y su rival lo perdió, pero iba a necesitar más de esos. El pómulo de Rabchanka sangraba. Tocaba ponerse el mono de trabajo; el combate se hacía largo y si margen de error. En el quinto Sergio volvió a tocarle la cara a Rabchanka, pero el bielorruso seguía clavado. El cántabro pegaba y se iba, no le convenía pararse. Otro gancho al mentón del local volvía darle ventaja, pero de nuevo la potencia del bielorruso se hacía notar. Mediada la pelea, el resultado momentáneo era a favor de Sergio, sin embargo los nervios crecían en un pabellón entregado. Nadie se fiaba de las rápidas combinaciones del púgil del este. El aire empezaba a escasear y la pelea se pesaba ya para ambos. Físicamente, Sergio marcaba la pauta. Giraba, iba y venía, se protegía y martilleaba con su zurda. Los minutos restaban precisión a los puños y los asaltos eran losas salvo para las piernas de Sergio que seguían botando. Los aplausos y los gritos le daban aire. Al acabar el octavo asalto, Sergio levantó la mano. Fue su primer gesto fuera de un guión perfectamente estudiado. Los cánticos en el pabellón retumban, pero a Rabchanka no le cambiaban le paso.Seguía buscando por el ring al inapelable y escurridizo y le encontró con un crochet volado que dolió a todo el mundo. Fue una de las manos peligrosas que el púgil del este se sacó del repertorio. Se intercambiaron manos y los tres minutos non tenían dueño para ninguno. Estuvo igualado el noveno. Más de lo esperado dado que la pelea ya era muy larga –supuestamente– para Rabchanka. En el rincón escuchaban los consejos. Gestos impenetrables en los dos protagonistas.

Daniel Pedriza

El décimo comenzó, de nuevo, con el baile de Sergio y sus largos directos de izquierda. El bielorruso esperaba armado y detrás de una guardia baja que daba la sensación de que le faltaba gas, pero sin embargo arremetía con virulencia. Sergio lanzó un brazo al aire que bajó directamente a la cara de su rival. Éste, lo soportó y buscó la contra.

El final del combate fue un tratado de nervios, inteligencia y mucho aplomo. Era mejor no arriesgar para no perderlo todo, que buscar algo que no había llegado en once asaltos. Sin embargo, a Rabchanka eso no le valía. Quería más, aunque le faltase el aire y la precisión, Cualquier despiste de ambos podía ser mortal de necesidad.

El último round fue una guerra. Ambos púgiles se habían hecho daño. Los dos sangraban y eso dio mucho más fragor y emoción a la pelea.

Hoy será complicado encontrarle. Ni a él, ni posiblemente a su entorno más cercano, era lo pactado. Sin firmas. No hace falta.Después de algo como lo de ayer se le está permitido todo. Refugiarse del estrés y disfrutar de la paz que uno se gana después de digerir la agonía. La última vez que 'El Niño peleó en el Vicente Trueba, cuando se estaba duchando en el vestuario el teléfono de su preparador, Víctor Iglesias, no dejó de sonar. Números ocultos. De Inglaterra, varias llamadas. Todos querían pelear con el campeón. Ahora, la leyenda se repite. Sergio sigue siendo el campeón.

Un trozo de cinturón de 'El Niño' se lo dieron al Vicente Trueba, que lo llevó en volandas

El Vicente Trueba sabe de boxeo. Después de tantas veladas conoce perfectamente lo que se masca en sus gradas. Los nervios no tienen equipaje, van y vienes ligeros. Ayer no hizo falta entrar en el Pabellón para palpar un ambiente sin precedentes. La afición se dio prisa por aparecer. Quizás porque no quería perderse ni un instante. Mejor estar a que alguien se lo contase. Fuera, en los aledaños era imposible aparcar y en los bares ambulantes también se colgó el cartel de no hay billetes. «¿Sabéis a qué hora viene 'El Niño'?». El cartel de la velada tenía lustre, pero los vecinos querían ver al suyo. Al púgil del barrio que durante semanas había monopolizado los temas de conversación. Y tardó. Se hizo esperar. Hasta las 22.30 horas que apareció en el Vicente Trueba, procedente de su casa donde masticó las horas previas en compañía de su mujer, los seguidores disfrutaron de reojo del resto de los combates. Con el hormigueo en el cuerpo, con las piernas inquietas y con la incertidumbre de si su amigo podría rematar un acontecimiento sobre el que su ciudad y su región se habían volcado.

La entrada de 'El Niño' fue lo que faltaba para que si había algún despistado se pusiera en pie. Sin embargo, esta vez entró sin ser visto. No quiso navegar entre sus amigos. Directo a su taquilla. A su último lugar de refugio personal antes de la guerra. Su ciudad, desde por la mañana respiró a bocanadas con ganas de que llegase ese momento, el de la pelea de su vecino estelar. Los tiempos de muertos entre las peleas precedentes fueron una cuenta atrás tortuosa. No había nada en qué pensar y los nervios crecían. En esos ratos fueron los únicos momentos en los que se escucharon silbidos. Esos, y cuando apareció Serguei Rabchanka por la bocana de vestuarios y caminó hasta el cuadrilátero. La tensión se podía palpar.

El bielorruso fue el único inquilino del Vicente Trueba que fue mal recibido, al menos antes de que acabase el combate con 'El Niño'. Luego, porque el boxeo tiene magia, pasó a ser uno más de esta historia tan emocionante. Durante lo que duró la pelea la grada hizo de todo, tan solo le faltó lanzar algún golpe. El resto lo hizo todo.