Los dueños del Racing presentan la única oferta para comprar el Club Parayas

Las instalaciones del Club Parayas ocupan más de 10 hectáreas de terrenos en el Alto de Maliaño . /Roberto Ruiz
Las instalaciones del Club Parayas ocupan más de 10 hectáreas de terrenos en el Alto de Maliaño . / Roberto Ruiz

Tras depositar en solitario la fianza para formalizar la transacción, el grupo Pitma prácticamente se asegura la adquisición del complejo deportivo

José Carlos Rojo
JOSÉ CARLOS ROJOSantander

La posibilidad de que el grupo empresarial cántabro Pitma, dueño del Racing, formalizara la operación para la compra del Club Parayas –en concurso de acreedores desde 2014–, era algo que ya había adelantado este periódico el pasado día 8. Ayer, Alfredo Pérez, uno de los dueños de la firma, aseguró que «es una operación que, como otros muchos temas, estamos valorando». Esa frase se convierte en la primera confirmación oficial de que efectivamente es una posibilidad sobre la mesa;y aunque de fondo Pitma prefiera mantener el halo de misterio, este periódico ha podido saber que la compra podría estar mucho más avanzada de lo que parece en un primer momento.

La sociedad es, de hecho, la única que ha presentado el depósito necesario para formalizar la oferta al cierre de plazo fijado por el administrador concursal, que concluyó el pasado día 21, viernes. Algo que la convierte en la única postulada para la adquisición de uno de los clubes deportivos más veteranos de la región.

La maniobra serviría también para vincular el potencial deportivo del Racing –incluida su masa de socios, unos 9.000–, con la reinvención de un negocio en declive desde hace una década. Aunque en esta operación de Pitma prevalece la recuperación del espacio como entidad social, con el Racing como un añadido, no como raíz del proyecto. El objetivo sería recuperar la actividad de un club que alcanzó los mil socios en 2005, muy lejos de los 400 que conserva en la actualidad. Más tarde se articularía la mejor fórmula para vincular la iniciativa deportiva al conglomerado del club y sus socios.

El club permanece en concurso de acreedores desde 2014 por la deuda de dos millones

Sobre el tapete también está el hecho de que Pitma es efectivamente dueño del Real Racing Club, el equipo, pero no de su marca;porque aún no se ha rubricado el contrato por el que el Gobierno de Cantabria debía devolver al Racing la titularidad de sus marcas.

Pero a falta de conocer la resolución del proceso de adquisición del Club Parayas –que se prolongará por lo menos otros dos meses–, todo apunta a que la transacción se cerrará. La firma cántabra se convertirá así en dueña de unos terrenos privilegiados que ocupan más de 10 hectáreas en el Alto de Maliaño, propiedad hoy de su sociedad patrimonial, Inmobiliaria Parayas. Tendrá que hacer frente también a la deuda de dos millones de euros, un lastre que asfixiaba sus cuentas y que obligó a sus gestores a acudir a concurso de acreedores en 2014 –en marzo del año pasado se abrió la fase de liquidación–.

2,7

El Diario ya avanzó que fuentes del grupo Pitma vieron en este plan de liquidación una oportunidad inmejorable para adquirir en condiciones económicas ventajosas una finca situada en un lugar estratégico. El administrador judicial valora todos los bienes en 2,7 millones de euros, una cantidad muy inferior a los 10 millones que figuraban en el balance presentado en la solicitud del concurso de acreedores.

La única salvación posible

El Club Parayas, uno de los más veteranos de Cantabria, fue un paraíso deportivo por su ubicación y por sus más de 10 hectáreas de instalaciones deportivas y sociales. Dispone de cuatro piscinas (tres al aire libre y una cubierta y climatizada de 25 metros), ocho pistas de pádel (cuatro de ellas cubiertas), cuatro salas de 'fitness' y gimnasio completo de cardio y musculación, además de 13 pistas de tenis, un campo de golf de 9 hoyos, dos campos de fútbol y hockey y bolera montañesa. Un edificio destinado a club social de 4.900 metros cuadrados en varias plantas, otro dedicado a guardería y un pabellón polideportivo permiten a sus usuarios desarrollar actividades sociales y culturales.

El principal problema es que al precio de compra de los terrenos e instalaciones, el inversor tendrá que sumar un desembolso importante para rehabilitar el complejo. Ese coste de la puesta al día de las instalaciones puede suponer un montante importante. En cualquier caso, fuentes del sector inmobiliario estiman que la inversión global sería menos costosa que unas instalaciones nuevas, con el inconveniente de que se tardaría al menos cinco años en ponerlas en funcionamiento, entre concesión de licencias, redacción de proyectos y construcción.

 

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