Nuha Marong | Jugador del Racing

«Cuando marqué en El Sardinero miré al público y dije: quiero formar parte de esto»

Nuha levanta los brazos, como si celebrara un gol, junto a la puerta de su casa, en el barrio de El Alisal, en Santander./Roberto Ruiz
Nuha levanta los brazos, como si celebrara un gol, junto a la puerta de su casa, en el barrio de El Alisal, en Santander. / Roberto Ruiz

El delantero admite que tras sus dos goles «relajarse no sería un signo de valentía». Pide paciencia para un equipo que «sabe hacer muchas cosas bien y lo va a demostrar»

Marcos Menocal
MARCOS MENOCALSantander

Cada mañana sale de su casa, en El Alisal (Santander) y va andando a La Albericia. Desde hace dos meses, Nuha Marong (1993, Gerona) es el nuevo vecino del barrio. Hace la compra y se corta el pelo -al estilo mohicano- en sus calles. Lo tiene todo a mano. Es soltero, joven, vive solo, juega en el Racing y desde el pasado martes se ha ganado un poco más el corazón de sus vecinos. Le paran por la calle, no es difícil identificarle. En el mes de junio le conocían como el 'enemigo número uno'. Era el grandote del Atlético Baleares, pero el destino jugó su carta marcada y le trajo a Santander. Se formó como jugador en Gerona, le gusta pasear, sus padres nacieron en Gambia, habla tres idiomas y mete goles. Esto último es algo universal.

-Minuto 23. El Racing se adelanta en El Sardinero ante el Mirandés. El tanto lo marca Nuha Marong. Es su primer gol en Segunda División ¿Qué siente?

-Euforia. No lo olvidaré jamás. Veía a la gente gritar y la felicidad por ser parte de aquello era tremenda. Me dio una confianza enorme. Si ya me sentía con muchas ganas al marcar fue como una inyección de moral, de confianza brutal.

-Minuto 26. Nuha Marong aprieta al defensa del Mirandés, le roba el balón, se escapa como un cohete en dirección a portería y no perdona. Es su segundo y el del equipo ¿Y ahora qué?

-Apenas habían pasado tres minutos y marco el segundo. Todo el mundo grita, es una locura. El partido cambió por completo en apenas tres minutos. Está claro que ese gol llega por la confianza que me dio el marcar el primero. Noto que es el momento, que hay que apretar al rival para que falle y a por él. Si no llego a meter el primero seguro que no hubiese metido el segundo. Fue una sensación de alegría enorme.

-Y se va corriendo a por Iván Ania. Se funde en un abrazo con el míster, ¿por qué?

-El entrenador se preocupa durante la semana de que nosotros hagamos las cosas bien, se preocupa por todos y a mí me dio confianza. No es sencillo que un futbolista que viene de Segunda B participe y esté convocado en las seis jornadas de Liga. Él me dio confianza y yo se lo agradezco. Me abracé a todos, pero a él se lo tenía que agradecer.

-Y después, cuando todos sus compañeros regresan a sus respectivas posiciones, usted camina despacio y le mira al público fijamente, ¿quería disfrutar de ese momento, verdad?

-Sí. Me dije: Disfútalo. Lo has hecho. Me ha costado mucho llegar hasta aquí y ver que la gente estaba feliz, ver sus caras... Eso para mí es lo mejor. Dije, quiero formar parte de esto.

-¿Sabe usted que ahora se le va a exigir mucho más?

-Por supuesto, y a eso he venido. Relajarme no es un signo de valentía. Quiero dar todo lo que tengo. Sé a lo que he venido y quiero aprender y ayudar todo lo que me dé el cuerpo.

-Cuando se le ficho, el entorno del equipo, la afición, tenía dudas sobre usted. La opinión generalizada era que es un delantero muy alto, que domina el juego aéreo, bien para los pases largos pero torpe por abajo. Después del partido ante el Mirandés parece que ha cambiado la percepción, ¿qué opina?

-Yo me conozco a mí mismo. Sé todo lo que tengo que aprender, sé que donde he venido puedo hacerlo porque voy a estar rodeado de gente muy buena, pero también sé lo que me he ido formando, lo que he ido creciendo y aprendiendo y lo que puedo dar de sí. No sólo soy un delantero al que le van bien los pases largos. Cuanta más confianza tiene un jugador mejor es. Tengo más cosas y espero que se vayan viendo a medida que vayan llegando los partidos. Durante mi trayectoria he tenido que ir adaptándome a los distintos escenarios; campo de hierba artificial, de natural, grande, pequeño... Aquí sé que voy a jugar en un campo como El Sardinero. No hay excusas.

-Tiene como 'rivales' para la delantera a David Rodríguez, David Barral y Jon Ander, ¿qué le parece la competencia?

-Para mí los dos primeros son oro molido. Puedo aprender mucho. También de Jon Ander cuando vuelva. Todos tenemos unas características y el equipo sale beneficiado.

-Y lo de jugar con dos delanteros, a usted le vendrá bien. Más posibilidades...

-Creo que hacemos más daño. Hay más posibilidades de crear peligro. Se vio el otro día -ante el Mirandés-. El míster es el que tiene la decisión, pero la plantilla le permite hacer lo que crea conveniente.

-Lleva tiempo en Santander, algo más de dos meses ¿Le ha sorprendido algo de lo que ha visto?

-Nada. Lo que me he encontrado es como me lo dijeron y como me imaginé. El Racing es un equipo con muchísima historia, que ha estado en Primera muchos años y que todo el mundo conoce. El estadio, las instalaciones, la estructura, la plantilla... Ahora que estoy aquí sólo quiero aprovechar esta oportunidad que es increíble. Durante todos estos años estás esperando que llegue algo así y cuando te llega no te lo crees. Ahora que llevo tiempo, que formo parte de esto, sólo pienso en aprovecharlo.

-Su relación con el Racing va de largo. Ahora es un jugador del equipo, pero le ha tocado ser enemigo en varias ocasiones...

-Primero con el Llagostera y luego con el Atlético Baleares. La primera vez que estuve en El Sardinero fue en la grada, en el partido de vuelta de aquel play off que terminó con el Racing en Segunda. No estaba convocado y lo vi sentado en una localidad. Luego yo metí el gol del ascenso para el Llagostera. Tenía 21 años. La segunda vez fue con el Atlético Baleares y... Cuando salió la bola y nos emparejó con el Racing me vino la imagen en El Sardinero cuando quedamos eliminados con el Llagostera.

-¿Sabe que durante el play off de ascenso, usted era el enemigo número uno del Racing?

-Eso me han dicho (risas). La verdad es que sí que creímos en nuestras posibilidades, sobre todo al ser el partido de vuelta en Mallorca. Al empatar en El Sardinero a cero en la ida... La oportunidad era clara. Pero llegó el Racing con Nico Hidalgo, Lombardo, los laterales haciendo daño por las bandas... Recuerdo que moralmente el equipo se hundió.

Roberto Ruiz

-Y entonces llegó la llamada del Racing, ¿cuándo la recibió?

-Al día siguiente de perder con el Mirandés y quedar eliminados del play off. Pensé que era una broma. No me lo podía creer. Dije: '¡Hostia!' Me había cruzado con el Racing dos veces y ahora podía ser jugador del equipo y en Segunda. Pensaba que después de la temporada que me había salido me llamase alguien, pero no un equipo como el Racing. No me lo pensé. Llamé al representante y recuerdo con mucha ansiedad aquellos días. Quería firmar. Hasta que no lo hice no me lo creí. En el Atlético me ayudaron, me trataron muy bien, pero no podían comprar la categoría. Yo quería jugar en Segunda. Allí sé que tarde o temprano jugarán en Segunda, porque están haciendo las cosas muy bien. La verdad es que el Racing les arrebató una oportunidad enorme, pero es que el Racing es el Racing.

-Bueno y ahora que tan solo le queda un escalón para llegar a la élite, eche la vista atrás ¿Qué recuerda de sus inicios en Gerona?

-Nací en Gerona, mis padres lo hicieron en Gambia. Yo tan solo he estado allí una vez, pero mis padres me enseñaron a hablar el idioma, el mandingo. Empecé a jugar al fútbol sala, luego pasé al fútbol grande... Nunca he pertenecido a una cantera de un equipo importante, me he ido formando poco a poco. Me ha tocado hacer las maletas muchas veces; Alicante, Pamplona, Barcelona... Las temporadas iban pasando y siempre ocurría algo y al final no debutaba en Segunda.

-Permítase la licencia. Se lo habrán dicho muchas veces, pero usted ya era alto de pequeño, ¿cómo no se dedicó al baloncesto?

-Jugué en el colegio, los profesores querían que me dedicara a ello, pero a mí no me llamaba. Me gustaba más el fútbol.

-Usted es fácil de reconocer por la calle. Vive en el barrio de El Alisal (Santander) ¿Ha notado que desde el martes no es un vecino más?

-Me paran por la calle. Es un placer. Me piden fotos, autógrafos... Este es un lugar perfecto para vivir. Estoy a cinco minutos de La Albericia. Un lujo.

-Después de una victoria todo es más fácil, pero vendrán tiempos más difíciles, ¿o no? ¿Cree usted que con la plantilla que hay el equipo salvará la categoría?

-Tengo claro que hay un muy buen equipo. Yo soy nuevo, pero hay gente que lleva tiempo, la hay con experiencia en la categoría y un cuerpo técnico que sabe lo que hace. Hay un compromiso alto. Pienso que tendremos que trabajar mucho, pero realmente tenemos suficiente plantilla para cuando estemos al 100% rendir alto.

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