1977, el año mágico del bocarte

Desembarco de anchoas en el antiguo puerto de Castro Urdiales. /Jesús Garay
Desembarco de anchoas en el antiguo puerto de Castro Urdiales. / Jesús Garay

JAVIER GARAY Castro Urdiales

Corría la primavera del año 1977 y Castro era la capital de las guapas de nuestra patria, según encabezaba la Ilustración de Castro en portada. Fue elegida maja de España, la tinerfeña, Ligia Rodríguez y la maja de Castro, Carmen Arenal fue elegida dama de honor. Hay ese año una huelga de panaderos en Bilbao que hace que los bilbaínos vengan en cola a Castro a comprarlo y los castreños madrugaban para no quedarse sin él. A todo esto, a principios de junio, seguían haciéndose abundantísimas capturas de bocarte que a esas alturas de la costera ya casi no tenían interés para los fabricantes, que ya tenían las fábricas saturadas. Lo compraban para pasta a menos de 30 pesetas el kilo y hubo barcos que lo tiraron a la mar ante tamaño abuso.

El lunes, día 13 de junio, una lluvia torrencial como no se conocía en Castro desde hacía 25 años inundó garajes, lonjas, locales y se desbordaron los ríos, tanto que incluso el campo de Rio-Mar quedó totalmente anegado al coincidir la pleamar con la máxima intensidad de lluvia. Las calles parecían Venecia. A un servidor le pillo el torrente de lluvia con Pedro Ulloa en el camping de Arenillas y en unos minutos las caravanas y bungalós se fueron flotando hacia los confines del mas allá, pues casi desaparecieron de nuestra vista ayudados por el viento que reinaba, pareciendo la regata más cómica que nunca se hubiese visto. Tuvimos que desalojar el recinto, pues el agua nos llegó a la cintura en cuestión de minutos. Sólo vi llover así pocos años después, en agosto de 1983, cuando las inundaciones de Bilbao, que tambien en Castro, hicieron grandes averías. Ese año el Coso Blanco lo gano la carroza 'Erase una Vez', de los señores Carrasco y Villanueva, que se llevaron el premio de 50.000 pesetas. Pero la noticia del verano, aunque ya se hablaba de Castro Novo, fue que al final de la costera de anchoa, el Cabildo de San Andrés echó a tierra 1.069.000 kilos de anchoa, nuestro más popular y plateado pez con un resultado económico de 43,5 millones de pesetas, cantidad no alcanzada hasta entonces en nuestro puerto y con nuestros barcos. Eran ocho las embarcaciones castreñas que se dedicaban a esta pesca de primavera al cerco. El promedio de venta obtenido fue de 40 a 44 pesetas el kilo, llegándose a pagar a principio de la temporada la cifra record de más de 67 pesetas kilo.

La pesca más baja como dijimos no llegó a 30 pesetas kilo. Las estadísticas del año anterior fueron de 300.000 kilos menos, con una cotización más baja también. A pesar de que los precios no eran excepcionalmente favorables al pescador, a pesar de que la mayoría de la pesca era de las llamadas de buena calidad, no bajaron de 32-34 peces o granos por kilo, cuando se sabe que la de 25-30 granos es la más deseada. Esta pesca de 32-34 granos kilo tenía una gran acogida en las fábricas de conserva. Se dijo entonces que nunca hubo una campaña más fructífera de dinero para las arcas de la Cofradía y los cofrades. La última referencia la tenían en los 3.800.0000 millones de peseta en bocarte que se echaron a tierra en el año 1969. Este año de 1977 y, a pesar de la abundancia, el bocarte se hizo esperar, pues no fue hasta comienzos de mayo cuando se pescaron las primeras y significativas capturas.

El Hermoso Castro arribó a nuestro puerto hasta con seis tasas seguidas y como se decía en las tabernas: «Hizo a la anchoa», 48 golitos, es decir, seis tasas por 8.000 = 48.000 kilos, situándose a la cabeza de la liga de la mar. Dice la prensa de entonces que Ángel Díaz 'Manilo', patrón del Hermoso Castro, siempre ha sido muy codiciado en los fichajes marineros y de ahí los golitos. Este pesquero se convirtió en el mejor galardonado de la primavera al traer a puerto más de una docena de tasas de 8.000 kilos de anchoa cada una y que fue récord cantábrico. La primera pesca que se subastó en Castro fue de ese pesquero y se cotizó en lonja a 67,75 pesetas, un precio más que extraordinario. Todos los barcos de Castro pescaron enormes cantidades de bocarte, pero ese año tanto José Díaz 'Manilo', patrón del Dimar, como su hermano Ángel Díaz 'Manilo', patrón del Hermoso Castro, echaron a tierra docenas de miles de kilos de bocarte que les supuso varios millones de pesetas.

Grandes patrones fueron en el Cantábrico estos hermanos que, junto a Luis Vélez Vera, al que consideraban como uno de los grandes, estaban reconocidos como lo mejorcito del mar cantábrico. Esa primavera, los barcos de Castro trajeron sus cubiertas plateadas hasta los topes en varias ocasiones a pesar de la dureza de los tiempos, que les hizo perder varios días de mar. El día 7 de mayo, se subastaron en Castro más de 80.000 kilos de anchoa que se cotizó entre 40 y 50. El miércoles, día 11 de mayo, fue el día récord de la campaña de anchoa, 160.000 kilos de bocarte de gran calidad se desembarcaron en los muelles entre barcos locales y forasteros. Bajaron tanto los precios que no alcanzaron más de 40 pesetas kilo, lo que hizo que se reunieran las cofradías para «poner un punto al exceso de capturas y que no se prostituyesen los precios», decían en su comunicado. El miércoles 25 se subastaron 25.000 kilos. Hubo fabricantes más sencillos que, esperando la oportunidad, cargaron sus fábricas de tanto bocarte como entraba y bajaron los precios hasta 38 pesetas.

A comienzos de junio, las fábricas ya estaban saturadas y se habló de poner bandera y se recordó el dicho antiguo de que: «En las bocanas de los puertos no ponen la bandera los barcos, sino los bancos», en alusión a que ante el bajo precio, el pescador pone voluntariamente bandera, al bajar tanto los precios, que pierden dinero y por lo tanto, no hay ahorro, cosa fundamental en la economía del pescador, que si pescaba ganaba, si no a chuparse el dedo. La bandera en los puertos viene a ser como el semáforo en rojo en las vías de circulación. Es de reseñar que en verano de 1977, el bocarte aún seguía estando en cardúmenes gigantescos, tanto que barcos venidos del este: Orio, Ondarroa, Guetaria y Bermeo, sobre todo, hacían capturas de bocartillo a menos de 100 metros de la punta del rompeolas para pescar con cebo vivo el bonito o a pulso, como se dice. Para esta pesca hacen falta viveros a bordo a modo de peceras gigantescas. El bonito se tira con una voracidad inaudita al brillo del pez y más si está vivo. Solamente, de la gran flota que teníamos pocos años atrás, el Hermoso Castro se dedicaba a la pesca de pulso, los demás barcos retiraron sus viveros y se dedicaron a la cacea o curricán con señuelos de paja de maíz.