Monte Tejea, el tesoro del Valle de Villaverde

Vaca monchina en el monte Tejea./Javier López
Vaca monchina en el monte Tejea. / Javier López

El paraje de 1.500 hectáreas de utilidad pública ha surtido al enclave cántabro de agua, madera, pastos, caza, ritos, creatividad y celebración

Óscar Prada Campaña .
ÓSCAR PRADA CAMPAÑA .Santander

Coronando al sur el Valle de Villaverde, en las estribaciones de la Sierra de Ordunte, se esconde un paraje cargado de significado histórico y cultural para los habitantes de este hermoso enclave cántabro. Se trata del Monte Tejea, nombrado en 1850 como 'Tejeda' en el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar de Pascual Madoz. Efectivamente, magníficos ejemplares de tejo, árbol sagrado de los cántabros, siguen cubriendo de misterio este bosque, acompañados de hayas y, sobre todo, de robles. La vida de los vecinos del Valle de Villaverde ha estado ligada desde tiempo inmemorial a este Monte de Utilidad Pública de 1.500 hectáreas cuyo aprovechamiento comunal no solo les ha surtido generosamente de agua, madera, pastos y caza, sino también de ritos, creatividad y celebración. Hay testigos de ello, aparentemente mudos, que no han dejado de contarlo durante miles de años para el que sepa escuchar. Los Ilsos de Ribacoba nos trasladan hasta tiempos inmemoriales de la prehistoria, señalando el punto donde convergen los valles bizkainos de Carranza y Arcentales con el de Villaverde. Las fuentes del río, del vino y de la propia historia y vida cultural del Valle de Villaverde manan del Monte Tejea. Dicho monte acoge las fuentes del río Agüera, cuyas aguas riegan las viñas del vino Tejea Verde. Este excelente caldo con brillos dorados se elabora desde 1991 en una bodega pionera de Cantabria ubicada en el mismo edificio que el Museo Etnográfico del municipio.

El Ayuntamiento ha pedido al Gobierno Regional que el monte Tejea sea declarado ANEI

De hecho, el acontecimiento festivo más relevante del municipio gira en torno a un producto elaborado a partir de un rico proceso artesanal que tiene su origen en el bosque: El carbón vegetal obtenido a partir de la leña cortada en el Monte Tejea. Se trata de la Feria de la Hoya, Fiesta de Interés Turístico Regional que a finales del mes de julio atrae anualmente a miles de visitantes cuya mirada coincide en el cono humeante que da nombre y sentido a la fiesta. Se trata de una hoya de carbón vegetal como las muchas que secularmente se erigieron en el Monte Tejea para abastecer las numerosas ferrerías del valle del Agüera y otras.

Las huellas de esta actividad son aún visibles en las 250 hectáreas de bosque: hayas y robles «trasmochos» -podados en su día para obtener leña- junto a pequeñas explanadas circulares donde se levantaba la hoya, jalonan los viejos caminos carreteros por los que se bajaba el carbón. Los mismos caminos por los que subían los pastores, el ganado monchino y los perros villanos para aprovechar los pastos del comunal. Actividades tradicionales que también tienen un importante protagonismo en la Feria de la Hoya y que siguen realizándose hoy en día en el Monte Tejea por personas como Luis Ángel Olazábal ganadero integrado en la Asociación Española de Criadores de Vacuno de Raza Monchina cuya sede se ubica en Guriezo. Afortunadamente, si hay alguien que sea consciente del valor ecológico, paisajístico y cultural del Monte Tejea, esos son los propios habitantes del Valle de Villaverde. Recientemente, desde el Ayuntamiento se ha solicitado al Gobierno Regional de Cantabria que el espacio sea declarado Área Natural de Especial Interés -ANEI-. Esta figura es específica de la normativa de conservación de la naturaleza de nuestra región y define espacios naturales que poseen un carácter singular dentro del ámbito regional o municipal en atención a sus valores botánicos, faunísticos, ecológicos, paisajísticos y geológicos cuya conservación es necesario garantizar.

No obstante, la declaración como espacio natural protegido, además de consolidar su conservación, puede impulsar nuevas iniciativas ligadas a la educación ambiental y el turismo sostenible, todo ello plenamente compatible con los aprovechamientos tradicionales de los vecinos.

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