Alejandro Marcos redime el festejo

Javier Cotera

Impresentable, inválida, descastada y rajada corrida de los tres hierros de la Casa Matilla

NIEVES BOLADO y ALFREDO CASASSantander

Una costumbre heredad de mi abuelo me empuja a estar acomodado en mi localidad una hora antes de comenzar cada festejo. Lo hago en Sevilla, Madrid… y en Santander. Pocas cosas más hermosas que ver tomar vida a una plaza de toros. Si es Cuatro Caminos, ni les cuento. El caso es que, por más que lo intento, no deja de sorprenderme lo apurados de tiempo que llegan los aficionados santanderinos a los tendidos. Cinco para ser exactos. Con lo exiguos e incómodos que son los vomitorios y pasillos. Mi no entender.

Por cierto, sorprendió que, presentes en el cartel Morante y Manzanares, la entrada registrada rondara los tres cuartos. Según datos ofrecidos desde la plaza, ayer se vendieron mil entradas menos que el pasado jueves. Quizá la amenaza de agua, que finalmente se hizo presente, frenara la voluntad de los más previsores. Quién sabe. Al lío.

Dispuso Morante de un primer toro sin puntas, largo de manos, hecho cuesta arriba y culo pollo, cogido con alfileres por sus nulas fuerzas y que, para colmo, sufrió una voltereta antes de cambiarse el tercio. Derrengado bajo el caballo, 'Ateo' salió del peto gateando. La hipótesis de que el astado de García Jiménez se emplearía durante el último tercio entraba en la categoría de milagro. Que no. Encogido, rendido y agarrado al ruedo, no ofreció ni la más mínima opción. ¡Qué desastre!

Ya con la mosca detrás de la oreja, saltó al ruedo el segundo en el orden de lidia, un morlaco de pobres pitones, justito cuello y algo despegado del piso. De limitadas facultades, el toro derribó al caballo en varas por cogerlo por los pechos. Aunque colocó y descolgó la cara en los embroques, a 'Verdiales' le faltaron un par de trancos. Vamos, que a duras penas se deslizó. Más necesitado de un sepulturero que de un torero, el inválido astado no paró de doblar las manos una vez tras otra. Imposible mantenerlo en pie. Nada pudo hacer Manzanares.

Tras encenderse el tendido eléctrico del coso, se corrió un tercero de deshonrosa encornadura, cortas manos, recogido esqueleto y sueltas carnes. De abanta condición y marcada querencia a los adentros, el toro salió rebotado de caballo a caballo. Con todo, 'Empedernido' se dejó dar un puyazo y echó la cara arriba a los banderilleros. Comenzó Marcos empujando al astado por ambos pitones hasta abrirlo al tercio. Dos ligadas tandas de pulseados y administrados derechazos en la media altura parecieron obra de orfebrería. Una sorpresiva colada al iniciar la tercera tanda advirtió que nada quedaba en el depósito del toro. Ante los decididos intentos del diestro salmantino, terminó rajándose a tablas. Con nada más que dos corridas en el horizonte, Marcos se tiró a matar a vida o muerte. Por su conmovedora manera de ejecutar la suerte suprema y la efectividad del estoconazo, le fue concedida una oreja unánimemente demandada.

La Corrida

Santander
Sexto festejo de la feria de Santiago. Corrida de toros. Tarde entoldada y de agradable temperatura –22º al inicio del festejo–. Comenzó a llover mientras se lidiaba al quinto de la tarde. Tres cuartos de entrada esponjosos. Festejo presidido Jesús Javier Plaza Olea. Toros de García Jiménez, Peña de Francia –4º– y Olga Jiménez –5º– (513, 556, 529, 561, 563 y 574 kilogramos): encierro cuatreño, de bochornosas astas y desiguales hechuras. Inválido, descastado y vacío el primero; cogido con alfileres, apenas se mantuvo en pie, el noble segundo; duró lo que un caramelo en la puerta de un colegio, el desfondado y rajado el tercero; descastado, bruto y a la defensiva el cuarto; blando, desrazado y a la defensiva el quinto y justito de raza y clase, con algo más de fuelle y manejable, el sexto que tambíen terminó rendido junto a las tablas.
Morante de la Puebla (nazareno y oro):
estocada baja (silencio) y medio pinchazo hondo (bronca).
José María Manzanares (sangre de toro y oro):
dos pinchazos y estocada entera y desprendida (silencio) y estocada entera y desprendida (ovación con saludos desde el tercio).
Alejandro Marcos (obispo y oro):
estoconazo entero y desprendido (oreja) y pinchazo y estocada entera y arriba (oreja). Salió por la puerta grande.
Incidentes
finalizado el festejo, Morante de la Puebla fue despedido por el público entre pitos y almohadillazos. A la antigua.

Tan escaso de cara como los anteriores ejemplares, el castaño que completó el lote de Morante, con el hierro de Peña de Francia y los cuatro años recién cumplidos, fue toro badanudo, largo de manos, corto de cuello y atacado de kilos. Lanceado con temple y gusto de salida, 'Boticario' echó el freno de mano y comenzó a defenderse en un abrir y cerrar de ojos. Que se lo pregunten a Carretero. Imposible ser más bruto y deslucido. Ante tan impropia materia prima, Morante no se anduvo con medias tintas; apenas una decena de recortes y a intentar colocarlo para pasaportarlo entre la sonora bronca del soliviantado público. Un pinchazo hondo y hasta la próxima. Monumental bronca. De otra época. Muy torera.

Aún sin superar el acaloramiento 'morantista', saltó un quinto de Olga García Jiménez, que fue devuelto a los corrales por inválido. Ironías de la vida. Sucede que los ánimos del público no estaban para bromas. O sí. Pasados unos segundos, jalearon al afanoso 'Kankel' y corearon la ingrata labor de un arenero. Soltado el sobrero, bastito, más ancho de sienes y alto de cruz, Manzanares capoteó con determinación a un toro que pareció mejor de lo que fue. Tan falto de fuerzas y fondo como los anteriores astados, 'Despensero' fue para delante hasta que sus frágiles manos cortaron cada intento de toreo en redondo. O en línea. Como ustedes prefieran.

A punto de sonar la alarma, Alejandro Marcos salvó del desastre la corrida. A su entonado saludo por verónicas, unan un templado quite por tafalleras y cordobinas. Y un notable trasteo en el sorprendió por manejar los tiempos muertos con tanta soltura. Volvió Marcos, ya sucedió el pasado año, a torear desde el pecho y con los vuelos con una pasmosa naturalidad. Y a reducir la velocidad de las embestidas del toro de García Jiménez en sus precisos embroques. Recuerden que el de ayer fue su primer paseíllo de la temporada. Además, imprimió el salmantino una expresión y empaque a su composición que recuerda a los grandes maestros de su tierra. Aunque el astado terminara rajándose, Alejandro lo exprimió con criterio y torería a hilo de las tablas, antes de cobrar un estoconazo, precedido de pinchazo. De haber acertado a la primera... Grande Alejandro. Un seguro valor a futuro de la torería.

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