Atracciones para pequeños y grandes

Pequeños y grandes disfrutan de las ferias en El Zapatón./
Pequeños y grandes disfrutan de las ferias en El Zapatón.

Un año más las atracciones regresan al Zapatón con motivo de las fiestas de la Virgen Grande. El Día del Niño se celebrará el lunes 22 donde los feriantes rebajarán los precios

MARÍA DE LA CUEVA

Verano, la estación favorita de los más pequeños. Las posibilidades para disfrutar en esta época del año son infinitas y la amplia variedad de actividades a realizar son innumerables. Una de las más aclamadas son las ferias, punto de encuentro de niños y mayores que hacen cola para conseguir un viaje de ida y vuelta. Este año y como viene siendo costumbre, las atracciones se han instalado en el recinto de El Zapatón con motivo de las fiestas de La Patrona.

Un lugar para soñar y para muchos, un escenario con el que regresar a esa infancia que queda ahora tan lejos.

La música suena en todos los rincones y todas las atracciones. Canciones de toda la vida y también éxitos musicales más modernos invitan a pasar un rato agradable. Con amigos o en familia.

Las puertas del recinto abren sus puertas a las seis de la tarde hasta la una de la madrugada entre semana y hasta las tres, sábados y domingos. Entre tanto, decenas de personas pasean en procesión, parando en cada una de las barracas.

Una de las míticas, los coches de choque, se encuentran aparcados justo a la entrada, donde Ana Roiz reparte las fichas para cada viaje. Un negocio que comenzó su marido cuando era adolescente y que «desde que me casé, hace ya 30 años, llevo con él». La veteranía de Ana es su secreto para que muchos niños decidan pilotar los coches de Deportivos Valls Aitana y Andrea.

Aunque confiesa que «el bajón de gente se ha notado por los días de playa que han venido y el resto de fiestas que han coincidido en otros pueblos».

Pese a todo los torrelaveguenses se echan a la calle, si el buen tiempo lo permite, para sentir la adrenalina que provocan estos gigantes mecánicos.

Los amantes de la velocidad y de los chutes de adrenalina hacen cola en el Saltamontes. Un conjunto de brazos extensibles que suben y bajan mientras la gente grita y ríe en una mezcla de sentimientos. Hay quienes acaban con las piernas temblando y los brazos agarrotados. Pero casi todos coinciden en que volverían a subir una y otra vez.

Para los que prefieren poner a prueba su puntería y destreza, hay también una amplia variedad de ofertas. El tiro a la diana, los dardos o la pesca de peces, entre otras, están repartidas por el recinto.

Los padres acompañan a sus hijos y esperan con ellos, las largas colas para subir a las atracciones. La mayoría no puede resistirse ante las peticiones de los más pequeños de montarse también y acaban jugando a ser niños otra vez. Al fin y al cabo, la esencia permanece en el tiempo y no viene mal recordar tiempos pasados de vez en cuando.

Los niños sostienen el algodón de azúcar y los churros en una mano mientras en la otra sujetan los globos de colores con las caras de Bob Esponja.

Cuando el hambre acecha es hora de llenar el estómago. A lo largo de todo el recorrido hay diferentes casetas con pinchos variados y puestos de dulces para los más golosos. Una pequeña parada para coger fuerzas antes de regresar a las barracas.

Manuel hace cola en los coches de choque. Tiene trece años y es la primera vez que viene a las ferias de Torrelavega. Detrás de él, dos niñas pequeñas que le acompañan. Sus padres les observan a pocos metros de distancia y siguen con su mirada, la trayectoria de los coches. «Somos de Barcelona aunque desde siempre veraneamos por aquí» dice su madre.

Los pequeños disfrutan como nadie y los adultos se divierten como niños. «Ya llevo tres viajes y me he llevado un porrazo muy fuerte en el último. ¡Mira qué golpe!». Estas heridas de guerra son gajes del oficio aunque Manuel es «muy duro» y volvió a subirse de nuevo.

El lunes regresará seguro con motivo del Día del Niño. Las atracciones estarán a mitad de precio. Como se ha venido haciendo en otras ediciones, los feriantes bajarán las tarifas como reclamo, para que repitan en sus favoritas tantas veces como quieran.

A la una de la madrugada, las atracciones apagan sus motores y las luces de colores. La calma regresa al Zapatón después de la tormenta. Tras una noche agitada, el silencio se adueña del recinto y de las calles próximas. Una pausa que muchos de los feriantes agradecen. Es hora de recoger los bártulos hasta la mañana siguiente. El día termina cuando el sueño les visita. Al día siguiente todo debe estar al detalle.

 

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