Torrelavega recuerda la singular historia de las palmeras de la iglesia de la Asunción

Las palmeras de 25 metros de altura que presiden el acceso a la sacristía del templo./Luis Palomeque
Las palmeras de 25 metros de altura que presiden el acceso a la sacristía del templo. / Luis Palomeque

El alcalde descubre una placa con motivo del 110 aniversario de la donación de las plantas a la parroquia de La Asunción

José Ignacio Arminio
JOSÉ IGNACIO ARMINIOTorrelavega

El alcalde de Torrelavega en funciones, José Manuel Cruz Viadero, descubrió este martes una placa conmemorativa del 110 aniversario de la plantación de las dos imponentes palmeras situadas junto a la iglesia de Nuestra Señora de La Asunción. Al acto asistieron cerca de medio centenar de personas, entre ellas descendientes de Juliana García del Cerro, la vecina que donó las plantas a la parroquia tras oficiar su primera misa uno de sus hijos.

El regidor felicitó al cronista local Eufrasio Sainz Peón, integrante de la Asociación de Mayores Ramiro Bustamante, de quien partió la idea de la placa, secundada después por el Ayuntamiento. «Estas palmeras han visto la evolución de nuestra ciudad, que ha pasado por momentos difíciles y otros de gloria en estos 110 años. Y estas palmeras siempre han estado aquí, formando parte del paisaje de la ciudad junto a la iglesia de La Asunción, que realiza una gran labor social apoyando a las personas que peor lo están pasando», dijo Cruz Viadero.

El concejal de Medio Ambiente, José Luis Urraca, indicó que con este acto se pretende recordar a los torrelaveguenses y a quienes visitan la ciudad la historia que «está detrás de estas palmeras». El encargado de repasarla brevemente fue Eufrasio Sainz Peón: «A mediados del siglo XIX había un monaguillo en la iglesia de La Consolación, Francisco García de la Rasilla, que lo dejó al hacerse mayor y casarse con Juliana García del Cerro. Tuvieron varios hijos y el mayor también entró de monaguillo, siendo ayudado después por otro más pequeño, Remigio, que se quedó solo ayudando al cura en 1896 porque su hermano lo dejó».

Luis Palomeque

«Remigio –añadió– pasó a llevar también la iglesia de La Asunción, tras su inauguración en 1901. Compaginó las dos iglesias hasta que tiraron la de La Consolación en 1936, durante la Guerra Civil, y en total estuvo 57 años de monaguillo y sacristán. Remigio tenía otro hermano más pequeño, Felipe, que fue ordenado sacerdote en abril de 1908 y su madre, el día que iba a celebrar su primera misa en esta iglesia compró dos palmeras y las colocó para adornar el altar. Después de la ceremonia las donó a la iglesia y al día siguiente Felipe y otros que le ayudaron las plantaron aquí».

Y ahí siguen, al final de la calle Consolación, en el acceso a la sacristía del templo. Más de un siglo después, llaman la atención por sus más de 25 metros de altura y una historia singular que ahora se divulga.

Luis Palomeque