El bramido que lleva el turismo al monte

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Un venado entregado a sus bramidos. / Marco García Vidart

  • La berrea, la época de apareamiento de los venados, ha estallado ya este año en los bosques de Cantabria

  • La paciencia y el silencio son los requisitos imprescindibles para disfrutar de un espectáculo que se prolongará hasta los primeros días de octubre

El móvil convertido en despertador avisa de que se acabó el dormir. La música suena como un martillo a las cinco y cuarto de la mañana. Pero ese madrugón, que en otras circunstancias sería una tortura, esta vez lo es menos. Por delante, un día de berrea entre algunas de la zonas señeras para este espectáculo en Cantabria. Ozcaba, Fuentes, Sejos... Lugares en los que en los últimos días del verano, si el año es propicio como este, y los primeros del otoño comienza uno de los espectáculos de la naturaleza protagonizado por los señores del bosque. Los venados, unos bichos bastante esquivos a lo largo del resto de la temporada, se muestran esos días en todo su esplendor en busca de pareja.

La luz del frontal se convierte en una suerte de llave para abrir el monte. A poco menos de una hora de que amanezca, a eso de las siete de la mañana, la vista no sirve de casi nada. Es más útil el oído, para tratar de ubicar los bramidos que se oyen por la zona elegida. Con la primera luz del alba, sobre el cielo se entremezclan los naranjas y los azules. Y los pájaros avisan de que un nuevo día ha empezado. El espectáculo de luz y sonido hace que esa maldita música del móvil-despertador sea hasta un buen recuerdo. El madrugón ha merecido la pena. Y mucho.

Paciencia, silencio y un poco de esfuerzo son los ingredientes básicos para disfrutar de la berrea. Esa pequeña ‘pateada’ nocturna habrá servido para llegar al sitio elegido, sentarse y esperar a que cerca haya movimiento. En días normales de berrea, la sesión matinal viene a durar hasta las nueve y media o las diez de la mañana. Y la vespertina, suele comenzar sobre las cinco de la tarde. En los días de más apogeo, el espectáculo es constante y a todas horas del día y de la noche. Por eso, la paciencia es un gran aliado para pasarse unas cuantas horas en jornadas en las que es fácil que no pase nada más que en determinados momentos. Eso, y ser previsor en cuanto al equipo a llevar en la mochila. Desde crema solar hasta ropa de invierno.

En estos días, en los montes cántabros las cuatro estaciones se pueden dar en un sola jornada. Junto a ello, unos prismáticos son un requisito imprescindible. Y si se va en plan fotógrafo de naturaleza, un teleobjetivo de no menos de 300 o 400 milímetros se antoja más que necesario. La creencia popular dice que los venados están ‘tontones’ en estos días y que es fácil acercarse a ellos, pero tampoco es para tanto. A nada extraño que vean, se van con la música a otra parte. De nuevo el silencio y el permanecer quieto en un sitio serán los grandes aliados para convertir un momento de suerte en otro de éxito.

La berrea podría definirse como una gran exhibición para el ligoteo. Un ‘chico busca chica’. Los bramidos sirven de carta de presentación ante las venadas. "Mirad qué guapo y qué fuerte soy. El mejor padre posible", parecen decir los sonidos que hacen retumbar el bosque. Pero aunque son ellos las estrellas mediáticas de la película, con sus vozarrones y sus cuernas espectaculares, las que mandan son ellas. Con una parsimonia que raya casi la indiferencia, las venadas muestran tal tranquilidad que parece que la cosa no vaya con ellas. Madres con las crías de ese año, jovencitas en busca de su primer novio... Esas orejas que se mueven como radares rastrean el tumulto de sonidos para elegir al mejor progenitor posible.

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Un macho se exhibe ante tres indolentes venadas en Cabuérniga. / Marco García Vidart

Si se tiene suerte, la escena de un venado berreando junto a un grupo de hembras que aparentemente apenas le hace caso es impagable. Quienes no dicen ni una sola palabra son los ‘guaperas’ de la zona. Venados imponentes con multitud de puntas en su cornamenta. A ellos no les hace falta pregonar a los cuatro vientos sus virtudes. En cuanto se dejan ver, un rebaño de hembras se junta al ‘cachas’ de turno esperando que llegue el momento de la reproducción.

Conflictos

Ese coro de sonidos, que puede ser de lo más variopinto, también tiene otra función. Porque la berrea es una suerte de competición entre iguales. Los bramidos es la primera fase de intimidación hacia el contrario. No es raro ver a baretos, los venados adolescentes a los que aún no les ha llegado su momento, huir a escape y en completo silencio cuando pasan cerca del lugar en el que un buen macho está berreando. De lo contrario, se arriesgan a que el señor del lugar les haga pegarse una buena carrera para expulsarlos de sus dominios.

Si se encuentran dos de parecido tamaño –entre 13 y 16 puntas, contando los dos cuernos, sería una medida estándar de buen venado en los montes cántabros– la siguiente fase es la del paseo. Dos venados andando en la misma dirección y separados por unos pocos metros. Midiendo las respectivas fuerzas de cada uno. En último término, la violencia. Quien ha tenido el privilegio de verlo, habla de escajos o escobas arrancados de cuajo ante el ímpetu de dos venados pegándose. Un último recurso tan raro de ver que hasta muchos habitantes de los pueblos cercanos jamás lo han presenciado.

Si se persiste en una zona durante varios días, no será difícil identificar a los mismos machos. Y hasta ponerles un apodo y todo. A principios del mes de octubre, en el último encuentro matutino, la mirada silenciosa de un venado adulto dirá que todo ha terminado. Que las hembras ya llevan dentro a una próxima generación de protagonistas del gran espectáculo anual que tiene lugar en los montes de Cantabria. Desde ese momento, los reyes del bosque que sobrevivan a una berrea que les deja extenuados, volverán a ser unos animales solitarios y difíciles de ver. Hasta que al final del próximo verano comience todo otra vez con un bramido. "Mirad qué guapo y fuerte soy...".

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