La mandíbula que apareció en el Pantano es de una adolescente fallecida hace 25 años

La mandíbula que apareció en el Pantano es de una adolescente fallecida hace 25 años

El juzgado espera los resultados de la prueba de ADN para determinar si se establecen vínculos con el caso de las dos niñas de Aguilar que desaparecieron en Reinosa

Álvaro Machín
ÁLVARO MACHÍNSantander

El día que celebraban la festividad de su patrona, a un grupo de agentes de la Guardia Civil de Torrelavega le tocó trabajar junto a la orilla del pantano del Ebro. Les llamaron porque un vecino se había encontrado paseando con unos restos, en apariencia, humanos. En concreto, una mandíbula. Allí, en La Población de Yuso, aquel 12 de octubre, los lugareños pronto le buscaron una explicación a los hechos. Contaron a los agentes que cerca de la zona hubo un cementerio que se selló con las obras del embalse. Eso llevó a todos a pensar que, con la sequía, podían haber quedado al descubierto algunos restos de hace décadas. Ha pasado en otros pantanos. Pero las pruebas forenses que se han realizado apuntan hacia otro lado. Según publicó el jueves Diario de Burgos, el informe elaborado en diciembre por el anatómico forense indica que la mandíbula pertenece a una adolescente de entre 13 y 16 años fallecida hace un cuarto de siglo. Imposible que proceda del cementerio.

Así que a los investigadores les toca seguir trabajando. Lo siguiente es esperar resultados sobre el análisis de ADN que se ha encargado. Con todas las cautelas, tanto en los alrededores del pantano como en Reinosa o Aguilar de Campoo, la historia trae irremediablemente de vuelta un caso muy doloroso. El de las dos chicas, Virginia y Manuela, que desaparecieron a finales de abril de 1992. Hace poco más de 25 años.

Es un asunto que hurga de lleno en la sensibilidad de los vecinos de la zona. En Aguilar de Campoo todos piden máximo respeto para las familias de Virginia Guerrero Espejo y Manuela Torres Bouggefa, que hoy tendrían 39 y 38 años, respectivamente. Mucha prudencia. Por eso mismo, tanto el juzgado de Reinosa como las comandancias de la Guardia Civil de Cantabria, Burgos y Palencia -se mezclan áreas geográficas, competencias y juzgados en todo el proceso- esperarán a los resultados que arroje el análisis del ADN antes de vincular el hallazgo directamente con la desaparición de las dos niñas, tal como recogía en su edición de ayer Diario Palentino.

«No sabíamos nada, somos los más sorprendidos» Emilio, hermano de una de las desaparecidas

Fuentes de la investigación consultadas por este periódico confirmaron el relato de los hechos hasta el momento y la decisión de cotejar los restos encontrados con los que las autoridades disponen en la base de datos que se utiliza para este tipo de casos -el 'Programa Fénix', que cuenta con el ADN de familiares directos que, voluntariamente, han donado una muestra biológica para ser analizada y, así, poder establecer comparaciones con el de restos que no estén identificados-. Dientes y huesos contienen una información que puede ser decisiva.

Un dato, en principio, parece claro. La primera hipótesis -la que apuntaba a la sequía y al origen en el antiguo cementerio- pierde casi todo su peso. Por una cuestión de fechas. El pantano fue inaugurado en el año 1952 y, tiempo antes, el antiguo cementerio de La Población fue sellado. Si los restos corresponden a una persona fallecida hace unos 25 años -como determina el análisis forense-, no podría haber sido enterrada allí. Pero hasta en eso prefieren no sacar conclusiones o dar nada por sentado.

Imagen de la mandíbula que apareció el pasado 12 de octubre.
Imagen de la mandíbula que apareció el pasado 12 de octubre.

Hay precedentes. En octubre de 1994 -casualmente también durante el puente del Pilar- aparecieron dos cráneos bajo el puente de Polentinos (Cervera de Pisuerga), en el embalse de Requejada aprovechando también que la sequía había mermado el nivel del agua. Tras estudiar pistas que no dieron resultado en Francia o en Málaga y con la desaparición aún reciente, el hallazgo pronto se vinculó en los medios de comunicación con la investigación. Pero el Instituto Nacional de Toxicología reveló tras el análisis desde Madrid que los restos pertenecían a dos mujeres más mayores y descartaron que fueran de las niñas de Aguilar. Las jornadas de espera hasta obtener los resultados fueron, en todo caso, «días muy malos», según expresaron en su momento las familias. Por eso ahora tanto las autoridades como los propios vecinos de Aguilar insisten en mantener la calma. «Hay que evitar crear falsas expectativas», han asegurado desde el Ayuntamiento de la localidad.

No sabían nada

Este periódico se puso ayer en contacto con Emilio, hermano de Virginia. Parte de la familia sigue viviendo en Aguilar de Campoo, mientras que la madre de Manuela reside en Málaga. «Ajenos a lo que se había publicado en los periódicos, cuando tuvimos conocimiento este jueves nos pusimos en contacto con la comandancia de la Guardia Civil en Aguilar y, a través de ella, en contacto con la comandancia de Palencia», indicó de entrada.

Cautela y prudencia, las reacciones ante un caso que aún escuece

«Me atendió un mando y estuvimos charlando», prosigue Emilio. «Quedaron en darnos más información el próximo lunes o el martes. En función de lo que nos digan veremos a qué atenernos».

Emilio quiere dejar claro, en todo caso, «que pueden estar seguros de que no sabíamos absolutamente nada de lo que se ha publicado y que nosotros -la familia- somos los más sorprendidos y, por supuesto, también los más afectados». Y lo dice, sobre todo, «en atención a los vecinos de la comarca y del propio Aguilar, que están preocupados». Un mensaje dirigido directamente a los que les rodean, que estos días vuelven a recordar la historia.

El relato

Hay que hacer un matiz. La investigación sobre la mandíbula aparecida en La Población de Yuso (el hallazgo fue publicado en El Diario Montañés el pasado 14 de octubre) corresponde al juzgado de Reinosa. Allí deben determinar su procedencia. Sin embargo, el caso de la desaparición de las niñas permanece sin novedades en los últimos años en el archivo del número dos de Cervera. Y, de momento -es justo el trámite que está pendiente a la espera de lo que diga el análisis del ADN-, son tareas que van por separado. Sin conectar.

Carteles para pedir alguna información sobre las niñas en el año 1992.
Carteles para pedir alguna información sobre las niñas en el año 1992. / Andrés Fernández

En el juzgado de la localidad palentina están recogidas todas las pesquisas de un relato que arranca durante la tarde festiva del Día de Castilla y León en el año que España celebró los Juegos Olímpicos. Las niñas se fueron a Reinosa para salir, a unos treinta kilómetros de su pueblo. Los testimonios recogidos aseguran que las vieron haciendo autoestop para regresar a la altura de la fábrica de Cuétara. Se citó un Seat 127 blanco con matrícula de Valladolid, pero ni siquiera ese dato pudo ser confirmado.

Ninguna de las pistas sirvió para encontrarlas. Ni las múltiples llamadas que se recibieron cuando el caso apareció en el programa televisivo de Paco Lobatón 'Quién sabe dónde', ni el testimonio de un joven que afirmó a la policía que había visto a las chicas con una comunidad punki de okupas en Madrid. Fue en 1997, transcurridos cinco años de la desaparición. Llegó a decir que Virginia mantenía un aspecto similar al que tenía entonces y que Manuela llevaba ahora el pelo muy corto, teñido de color azul y con un mechón blanco. Pero tampoco eran ellas.

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