fotogalería

Laro Setién trata de arrebatarle el balón a un rival durante su debut el pasado domingo / Javier Cotera

fútbol segunda b

Otro Setién, 39 años después

  • Laro, el hijo del carismático Quique, debutó el pasado domingo con el primer equipo del Racing

Minuto 80. Laro Setién salta a El Sardinero. El tiempo se detiene por un instante. Los aplausos son la banda sonora de un sueño, el de un padre que se pone en pie en la grada y disfruta como nunca. A estas alturas, a Quique Setién hay pocas cosas del fútbol que le sorprendan, pero un debut de un hijo es algo insuperable. «No hacía más que mirar el reloj. A ver si le saca, a ver si le veo...», reconoce un padre orgulloso. «Salí con muchas ganas de hacer bien las cosas.Para mí fue increíble», señala el hijo. Nervios a partes iguales.

Laro jugó el pasado domingo sus primeros minutos con el primer equipo del Racing 39 años después de que su padre, insignia del racinguismo, tomara la alternativa en el mismo escenario –aunque en los viejos Campos de Sport de ElSardinero–. La alargada sombra de su progenitor le perseguirá siempre, aunque su carácter parece estar preparado para ello. «Cada uno es quien es; yo soy Laro y no estoy aquí por mi apellido.A mí esto se me da bien y espero seguir aprendiendo».

Dispuso de diez minutos. Se colocó en el centro del campo, el coto privado de su padre. Alto, espigado y con la camisa fuera. Le faltaba el diez a la espalda para que muchos de los espectadores tuvieran que frotarse los ojos. Tocó el balón una vez, dos.. y a la tercera le quedó un balón franco en la frontal del área. «Se me pasaron tantas cosas por la cabeza; primero quise hacer una vaselina, luego pegarle... Al final casi le hago una cesión al portero», bromea el chaval. La tuvo en su bota, concretamente en la izquierda. El pequeño de los Setién es zurdo, una de esas cosas que le distinguen del mayor de la saga.

Quique tenía 18 años cuando puso el contador a cero; a aquel debut le siguieron 393 partidos más entre el Racing, Atlético de Madrid y Logroñés. «Está claro que es algo muy significativo. Todo padre sueña un día con que esto ocurra, pero no deja de ser más que una anécdota.Lo importante es mantenerse y seguir convenciendo al entrenador de que puedes estar ahí», señala el ‘flaco’. La experiencia toma la palabra.

El destino quiso hacerle un guiño a ambos. Quique trabaja en Las Palmas –es el entrenador del conjunto insular–, a dos horas y media en avión de Santander, por lo que no es fácil que pueda seguir los partidos del Racing. Sin embargo el calendario de Primera División le dio un respiro este fin de semana y le permitió estar en la grada.«Podía haber debutado la pasada semana o hacerlo la que viene pero mira... Vine, no sólo por si debutaba, sino porque hacía tiempo que no le veía y afortunadamente me pilló aquí».

Parecidos y diferencias

Es inevitable buscarles parecidos entre sí. Hay quien se empeña también es sacarles diferencias. Coinciden en que el Racing es «el equipo de toda la vida», en eso no hay nada que decir. También en que siempre soñaron con lo mismo: «Debutar de verdiblanco».

Comparar siempre es injusto y en un caso como este una tarea harto complicada. Nadie mejor que ellos mismos para buscarse la cosquillas. «Él –el padre– siempre me dice que yo soy mejor», asegura Laro. Ahí es nada. El chaval admite haber echado mano a algún vídeo de la época ya que en directo no le dio tiempo a ver a su ‘maestro’. «No he visto muchos partido de mi padre.

Tengo un buen desplazamiento largo, me gusta esforzarme en tener la visión de juego que tenía él; yo creo que tengo más llegada, más gol», admite el joven. Los que conocen a Laro pueden corroborar que su golpeo de pelota recuerda al de su padre y que a balón parado tiene un talento especial. No es ni mucho menos un farol.Lo tiene.

El ‘flaco’ es quien mejor lo conoce y sus palabras invitan a soñar. «Es técnicamente mejor que yo. Hace cosas que yo no hacía y también es más rápido que yo», reconoce. Quien pudo disfrutar con el juego del futbolista –con permiso de dos o tres– más importante que ha tenido el Racing jamás, sabrá que escuchar algo así suena a música. «Mi físico –añade Quique– es parecido, pero el fútbol en mi época era diferente. A nosotros no nos hacía falta correr tanto. Creo que tiene mejor golpeo incluso que yo».

En el único aspecto en el que el padre le pone el dedo es en la personalidad.«Quizá le falte carácter. Eran otros tiempos y yo cuando debute ya llevaba cuatro años trabajando y ahora los chavales tienen dudas. La madurez es distinta y a lo mejor eso es lo que le falta por pulir». Desde luego, Laro puede estar tranquilo en ese capítulo. Lo tiene fácil para aprender ya que su padre es probablemente uno de los jugadores cuya personalidad marcó un tiempo. Lo hizo como jugador y lo sigue haciendo como entrenador.

De la zurda, el padre no habla; para eso está el hijo. «Yo creo que si hubiera tenido la zurda tan buena como la derecha pues habría jugado muchos más partidos internacionales y hubiese llegado todavía más lejos». En los ojos de Laro se puede intuir la emoción cuando se habla de su padre; en los de Quique se adivina ilusión. «Siempre estaré para lo que quiera, pero lo que le viene no deja de ser un camino que debe recorrer solo».

«Haz lo que sabes y ten personalidad. Intenta cosas y si la tienes, métela». Con estas palabras, Ángel Viadero le dio la oportunidad que siempre «se busca cuando eres un niño de Cantabria».

El 4 de septiembre será siempre una fecha diferente para Laro; ese día le servirá para ponerle un principio a una historia de la que nadie sabe el final. «Me da igual llevar el 10 en la camiseta, lo que quiero es trabajar para tener una que sea del 2 al 11».

Admite que «hay mucha competencia en el equipo», pero tiene claro que quiere «aprender y crecer». Mientras tanto bromea y recibe consejos de la persona que mejor le conoce. «Es un lujo que alguien como mi padre que sabe lo que es este mundo me asesore». 39 años después, el Racing vuelve a poner el contador a cero con un Setién vestido de verdiblanco. Un lujo.