Marina Juárez, una cántabra en Madrid que añora la humedad y la lluvia

Marina en el Mirador de Santa Catalina, en La Hermida. /DM
Marina en el Mirador de Santa Catalina, en La Hermida. / DM

La joven torrelaveguense, profesional del sector Marketing, reconoce que lucha en la capital «por una oportunidad que Cantabria quizás no me puede dar»

Ángela Ruiz Samperio
ÁNGELA RUIZ SAMPERIOSantander

Cuando llueve en Madrid, acontecimiento extraordinario, siempre alguien le dice a Marina Juárez (Torrelavega, 1986) «ya tenemos el día cántabro». Y es verdad, cualquier día nublado en la capital puede recordar al norte, una sensación que a ella no solo no le importa, sino que disfruta de lo lindo. Y es que esta cántabra dedicada al Marketing retail en el sector de la telefonía, es de esas personas a las que les encanta la lluvia y la humedad. Por eso, si tiene que elegir, se queda con el clima de su tierra antes que con el de Madrid, donde es bastante habitual quedarse en casa en un día soleado, algo impensable en Cantabria.

Valladolid, Londres y Madrid. A todas las ciudades en las que ha vivido, Marina ha llevado su pasión por su casa, donde regresa siempre que puede. Como mínimo, una vez cada mes y medio. Las playas, la gastronomía, el olor, la sensación de tocar la hierba y que esté húmeda son necesarias para ella y, sin duda, ha intentado compartirlas con toda la gente a la que ha ido conociendo a lo largo de su vida, y a la que suele llevar de visita para que no se pierdan de lo que tanto les habla. Y es que, aunque en Madrid tenga su vida, su corazón siempre será de Cantabria.

-¿Siempre has tenido claro que querías hacer tu vida fuera de Cantabria?

-Todo lo contrario. Siempre he sido muy madrera, de estar en casa con mi familia, pero fue terminar el colegio y me dio un impulso. Lo decidí a última hora, nunca pensé que me fuese a ir. De hecho, me considero norteña total, pero decidí seguir ese impulso y a la larga sabremos si fue o no una buena decisión, pero de momento estoy a gusto. Eso sí, creo que nunca hay que perder el norte y siempre vuelvo, mínimo una vez cada mes y medio.

-¿Eres de las que dicen que volverá cuando llegue la jubilación?

-No. Vivo el momento. No soy de esas personas que tienen claro lo que voy a hacer dentro de diez años. Sé lo que voy a hacer el mes que viene, pero a largo plazo, quién sabe dónde me llevará la vida. No tengo claro que vaya a volver, pero sí que voy a tener a Cantabria en mi corazón siempre.

De paseo en su playa favorita, Robayera, junto a su perro.
De paseo en su playa favorita, Robayera, junto a su perro. / DM

-¿Qué es lo que más ganas tienes de hacer cuando vas?

-Siempre voy a ver el mar, a dar un paseo, tocar la arena y mojarme los pies, ya sea invierno o verano.

-¿Algún lugar especial donde ver el mar?

-El Mirador de Usgo. Tengo familia muy cerca de la zona de Robayera, y no hay ningún fin de semana que vaya que no pase por allí.

-¿Se puede decir entonces que lo que más echas de menos es el mar?

-Sí. Y a mi perro (dice entre risas). Y a mi familia, claro. Me gusta mucho la montaña también. He descubierto hace poco el mirador de Santa Catalina, y las cuatro últimas cuatro veces, que he ido con personas diferentes, he pasado por allí.

«Soy de las que transmito que Cantabria tiene algo diferente. Cantabria es casa, es calidad, es respirar».

-¿Hablas mucho de Cantabria a tu gente de Madrid?

-Todo el rato. Permanentemente. Soy de las que transmito que Cantabria tiene algo diferente. Cantabria es casa, es calidad, es respirar. Aquí te puedes ir a la Sierra, pero es otra cosa. No sabría explicarlo bien con palabras, pero es un estado de ánimo y he tratado de compartirlo con todo el mundo. Me he llevado ya a prácticamente todo mi entorno, ya sea de trabajo, Universidad, amigos, etcétera. Siempre les he trasladado esa necesidad de estar en Cantabria y hemos acabado yendo a pasar unos días.

-¿Época en la que no dudas en volver?

-Siempre suelo ir en Navidad y coincide que los últimos años ha hecho buenísimo. Los puentes también me vienen genial y siempre intento ir, y en julio, que es mi cumpleaños y nunca me ha gustado, desde que tengo uso de razón, lo paso con mi familia. Esté donde esté, siempre me tomo esa semana y vuelvo a casa.

Retrato de la joven cántabra, instalada por trabajo en Madrid.
Retrato de la joven cántabra, instalada por trabajo en Madrid. / DM

-¿Te gusta la lluvia?

-Me encanta la lluvia y me encanta la sensación de humedad. No es lo mismo la lluvia en Madrid que, ya no te voy a decir en Cantabria, pero en la sierra, por ejemplo. Es otra sensación, una humedad diferente, pero creo que soy una de las pocas personas que puede decir abiertamente que me encanta la lluvia. Cuando llueve, siempre alguien en mi trabajo me dice «ya tenemos el día cántabro». Y es verdad. Un día de sol en Madrid nos parece normal, mientras que un día de sol en Cantabria nos parece algo fabuloso. Por eso me gusta más el clima de allí, porque disfrutamos más de los días soleados.

-¿Qué plan harías con un amigo al que llevas a Cantabria?

-Se resume a playa y gastronomía. En Madrid no tienen la conciencia de lo bien que se puede comer en Cantabria. Y, por supuesto, playa y montaña. Transmitir la sensación de tocar hierba y que esté húmeda. El olor, lo verde… Entiendo que los cántabros lo sentimos de otra forma, pero yo intento transmitir ese impacto. Yo llego con el coche y cuando veo el letrero de Cantabria, pito siempre. Una vez entras en Cantabria es como que da igual lo que pase, porque estás en casa.

«En Madrid no tienen la conciencia de lo bien que se puede comer en Cantabria».

-Cuando vas a Cantabria siempre quieres comer…

-Rabas. Si que es verdad que antes era más sobaos, pero ahora rabas, sin duda.

-¿Por qué Madrid?

-Madrid tiene algo que engancha. No sé que es, pero tiene algo que hace que me sienta bien. Para mi Madrid significa trabajo y vida personal y Cantabria vacaciones y vida familiar, y quizás un estado de sosiego, relax, paz. Pasas de estar en el centro de la capital, que es una locura y no tienes un minuto en el día, y llegas allí y parece que el mundo se para. Y ese complemento de locura y tranquilidad es perfecto.

-Cantabria, Valladolid, Londres, Madrid. ¿Podrías elegir?

-Cada una tiene algo especial. Mi vida está en Madrid. Todo lo que me hace feliz en el día a día, está aquí. Pero Madrid es como de lunes a viernes. Llega el fin de semana y echo mucho más de menos Cantabria, a mi familia, mis amigos, mi perro.

De visita en el Teide.
De visita en el Teide. / DM

-¿Has encontrado en Madrid un sitio donde perderte cuando no puedes ir a casa?

-Sí. El Pardo es mi sitio. Salgo del caos y de todo lo que me bloquea y voy a esa zona. Por ejemplo, en septiembre voy todos los años en época de berrea a escucharla y me transmite mucha paz. Está cerca de un río y me gusta esa sensación de humedad, de cambio de temperatura. Allí he encontrado mi Cantabria ficticia.

-¿Has sufrido las largas distancias de Madrid para ir el trabajo?

-Ahora mismo. Pasé de un trabajo que tenía a diez minutos a uno que está a una hora y pico. Pero el primero no me llenaba y no me hacía feliz y ahora voy contenta.

-¿Lo que menos te gusta de Madrid?

-Que me siento más insegura. Al no estar tu familia, te sientes más sola. Cuando tienes cualquier tipo de contratiempo en el día a día, el respaldo de tu familia, aunque lo tengas por teléfono, está lejos. No te pueden dar un abrazo o ayudar. Y eso para mi es lo peor.

-¿Crees que aquí hay más oportunidades?

-No sé si es lo que creo o lo que quiero. Yo confío en que Madrid me de más oportunidades que mi Cantabria del alma. Yo estoy aquí porque lucho por una oportunidad que mi tierra quizás no me puede dar.

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