Análisis

La tristeza de Messi preocupa en un Barça deprimido

La tristeza de Messi preocupa en un Barça deprimido

No se quedó a saludar a los aficionados tras el triunfo ante el Getafe, otra señal de que Liverpool será esta vez una antes y después en el club

P. RÍOSBarcelona

El rostro de Messi refleja el estado de ánimo del barcelonista. Afeitado, quizás en busca de un cambio de imagen que lleve consigo un cambio de fortuna. Serio, porque ahora mismo sigue el duelo por el funeral deportivo de Liverpool. Triste, porque va cumpliendo años, logrando goles, reinventando su juego, asumiendo más responsabilidades como capitán, pero con el contador del palmarés de Liga de Campeones detenido desde 2015.

Poco comunicativo, puede que desconfiando hasta de los compañeros que no aprovechan las oportunidades que él crea, que se duermen en los córners, hasta de los aficionados que le idolatran, pero que a veces le culpan de no salvar al equipo una vez más. Si el palo europeo preocupó, el silencio de Messi asusta. Messi fue el único que no se quedó en el centro del campo a saludar a los aficionados tras el triunfo ante el Getafe (2-0). Como si no supiera que de los 57.088 espectadores presentes, más de la mitad eran turistas predispuestos a aplaudirlo todo como si Anfield no hubiese existido.

Los socios ya mostraron su desencanto con el Barça no acudiendo al estadio, liberando su asiento e ingresando un dinerillo, que siempre alivia a combatir las penas. Y los más fieles la tomaron con Coutinho porque su rendimiento para lo que cobra es desesperante y encima se atreve a reivindicarse con gestos fuera de lugar tras marcar un gol intrascendente. Sergio Busquets se solidarizó con él fallando pases fáciles y repartiéndose los pitos con el brasileño porque ya son muchos los que creen que sus mejores días futbolísticos han pasado. El centrocampista de Badia del Vallès por lo menos volvió a dar la cara tras el partido, como en Anfield, sin esconder que el luto no ha pasado y admitiendo que esta vez va a costar superarlo, pero que la final de Copa obliga a reanimarse.

Precisamente, para ese pulso ante el Valencia del 25 de mayo en el Benito Villamarín de Sevilla se acumulan las preocupaciones para Ernesto Valverde. Luis Suárez está descartado, Dembélé necesita un milagro para llegar, Arthur es seria duda y Coutinho, que cayó el domingo, podría forzar, pero con la Copa América a la vuelta de la esquina ya hay quien dice que no arriesgará. Como no quede claro ese asunto, la que se puede liar.

Ivan Rakitic también habló para justificar su inoportuna aparición en la Feria de Sevilla con el 4-0 de Liverpool tan caliente que todavía quemaba. Argumentó que la familia es lo primero y declaró que si «tengo que pedir perdón, lo pido». Y Jordi Alba, muy desafortunado en Liverpool, confesó que «es la semana más difícil de mi carrera, pero no puede ser que antes fuésemos los mejores y ahora seamos viejos».

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Y es que el desembarco de savia nueva se avecina con el confirmado De Jong, el posible De Ligt, el misterioso Griezmann y varias caras nuevas más porque tras la final de Copa habrán movimientos. «No se me ha pasado por la cabeza dimitir», afirmó Valverde, quien ya reveló que se siente respaldado por Bartomeu. Pero haría bien en no fiarse. Roma hizo daño, pero Liverpool sí va a ser un antes y después. Y lo que piense Messi, indescifrable cuando se pone serio, será muy importante.