'El Niño' García, campeón de Europa

Fotos: Dani Pedriza | Vídeo: José Carlos Rojo

El púgil cántabro gana a Beaussire y logra el cinturón Súperwelter de la EBU en una histórica velada de boxeo celebrada en Torrelavega

JOSÉ CARLOS ROJO y MARCOS MENOCALSantander

Unanimidad total. Tres de tres. El trío arbitral le dio la llave continental a Sergio García 'El Niño' al considerarle ganador a los puntos después de doce asaltos de la pelea por el campeonato de Europa del peso superwélter que ayer le enfrentó a Maxime Beausssire, 'El conquistador', en Torrelavega. Una noche única que se reserva una página en la historia al ser el primer campeón europeo de la tierra. Las derrotas de Torcida, Martínez, Rasilla, Eguía... Obtuvieron la réplica deseada por tantos aficionados –muchos de ellos ayer en el Vicente Trueba– que por fin ya tienen el cinturón continental en casa. Sergio García fue mejor, más atrevido y astuto que un rival duro, encajador y que vino a fajarse sin miedo, pero sin el fuelle del cántabro. Y el Vicente Trueba estalló.

De repente... La luz se apagó y la música se convirtió en una llamada al reto. Los abanderados, ataviados con trajes regionales, hicieron sonar los acordes del himno de Cantabria a ritmo de gaita con el pabellón en pie. Más tarde el italiano, en honor al árbitro de la pelea. Y de nuevo las voces se silenciaron para dar paso a la música de Vangelis y su famoso tema '1492: La conquista del paraíso'. Por la bocana de vestuarios asomó Maxime Beaussire, 'El conquistador', con una máscara al más puro estilo de Máximo Décimo Meridio, comandante en jefe de las legiones del norte del imperio romano, el personaje principal a la película de 'Gladiator'. El normando pisó el ring dispuesto a conquistar, a hacer bueno su apelativo. Serio, con un rostro impenetrable, escuchó el himno nacional de su país. Ni los gritos de su ejército le trastocaron los planes. Entre los púgiles ni una sola mirada. Ausentes.

Los tres árbitros le dieron ganador de la pelea de manera holgada al cántabro

Se suele decir que uno se empieza a morir cuando deja de ser niño, Sergio García tiene claro que nunca dejará de serlo. «Me lo pusieron de pequeño y...». Su forma de pelear recuerda un poco a ese chaval del que nunca se despegará; rápido, martilleante y atrevido. Como en el patio del 'cole' en el que el miedo desaparecía cuando sonaba el fin del recreo. Ayer la campana vibró doce veces y, a buen seguro, de camino a su rincón el torrelaveguense pasó revista a todas esas mañanas de travesuras. Pero lo de ayer era distinto. Esta vez entre gong y gong sólo había un minuto.

El primer asalto fue tan igualado como se esperaba. Maxime tomó la iniciativa y con decisión se adueñó del centro del cuadrilatero; estaba dentro de la estrategia. Intercambio de golpes, muchas manos perdidas y respeto. Cada intento era coreado por un pabellón entregado. 'El Niño' mantenía la distancia con la izquierda y esperaba su turno con la derecha. Martilleante. El francés no se arrugaba y buscaba una contra que le diera el triunfo por la vía rápida. En el segundo asalto, 'El Niño' lanzó al cielo dos ganchos envenenados que podían haber sido la píldora para la lona. Sin embargo no encontraron destino.

'El Niño' le dio el centro del ring al francés y desde la distancia le llegó continuamente

Maxime, sin un juego de piernas ágil, pero decidido, buscaba al cántabro. Le perseguía y 'El Niño' no terminaba de estar todo lo cómodo que quería. El tercer capítulo marcó la diferencia; el cántabro llegó varias veces con claridad al rostro del francés y por momentos parecía que lo tenía controlado, pero la bravura de Maxime le devolvía a la pelea.

Tras salir de la esquina, en el cuarto asalto, Maxime empezó a perder fuelle. La escasez de gasolina del normando le hacía impreciso y allí estaba 'El Niño' para ir colocando manos. Su izquierda le hacía daño al galo, que no rehuía el contacto. El torrelaveguense sufrió un patinazo que le llevó al suelo y le enfadó; rápidos ganchos en corto y en largo le devolvieron el mando a un Sergio García que a partir del sexto episodio sí que neutralizó la estrategia de Maxime. Sin embargo el francés no se rendía y en los últimos segundos de cada asalto buscaba una mano ganadora aún a riesgo de irse a la lona.

Una pelea larga le convenía a 'El Niño', supuestamente más en forma que su oponente. En el ecuador de la misma, el cántabro encontró el camino. Golpeaba cómo y cuándo quería y pese a la hermética defensa del francés, Sergio García llegaba con cierta claridad. Al francés le esperaba –a priori– un mundo por delante si la pelea no giraba, cosa que al cántabro no le interesaba. En el séptimo 'round' 'El Niño' impactó con una izquierda muy dura que levantó al Trueba. No se amilanó Maxime, que rápidamente puso la réplica con una mano perdida que le golpeó el rostro a Sergio García. Las piernas del cántabro seguían moviéndose sin parar y como si se tratase de una sintonía, sus brazos hacían lo propio. El público le exigía prisa, acabar por la vía del cloroformo, pero 'El Niño' no quería sustos.

El ágil juego de piernas y el fuelle del cántabro superaron al valiente fajador francés

Maxime dejó clara su condición y sus ganas de aprovechar la oportunidad que le llegó de repente y sin esperarla. Encajó un centenar de golpes y no le perdió la cara a la pelea; siempre agachado y escondido detrás de sus guantes buscaba una sorpresa. Se plantó en el noveno sin haber llegado con una mano peligrosa, pero sin rendirse. El cántabro tenía la pelea donde quería. Por esa misma razón, Maxime sacó lo que le quedaba dentro. Sergio García continuó hasta el final con su juego de piernas. Prefería darle el centro del ring y bailar alrededor del francés. Se sentía más cómodo aunque supusiera un desgaste enorme. Confiaba en su juego de cintura y en sus largos directos.

El descanso para el último fue una oda al cántabro; el Trueba en pie. 'El Niño' comenzó su último baile. El francés le perseguía, pero impotente. Su estrategia de fajador se le quedó corta. El conquistador fue conquistado por el nuevo campeón, Sergio García.

La historia le hace un guiño al Trueba en una noche única

La música de la película 'Conan El Bárbaro' se encargó de rematar la atmósfera; el Vicente Trueba mutó y se convirtió en un escenario mágico. No eran las siete de la tarde cuando camuflado entre la gente, en chándal y con la mochila a la espalda llegó Sergio García al pabellón. Los aplausos le dieron la bienvenida. Él, una sonrisa que se mezcló con su concentración. Un suspiro. Nada más.

En las gradas la gente tomaba asiento y fuera todos tenían prisa por encontrar acomodo para no perderse una noche para la historia. Cantabria tenía cita con su pasado y con los suyos; con Uco Lastra y sus noches de gloria en la memoria; y con Martínez, Eguía, Rasilla, Torcida... y otros tantos púgiles en el recuerdo, la velada de ayer pidió permiso para convertirse en diferente, distinta. Las caras de los presentes lo describían perfectamente: el placer de lo incierto. Y es que el cóctel que permite el boxeo, esa especie de tensión y peligro empapada con nobleza es algo única. Como la noche torrelaveguense.

Los aspirantes a profesionales, los diez chavales que se pusieron los guantes antes de la pelea estelar subieron la temperatura. Los espectadores, rodeados de banderas de la capital del Besaya, supieron premiar su esfuerzo.

El Trueba puso también en juego el título en las gradas;'El Niño' ganó por goleada en apoyo, el pabellón era de casa. Sin embargo, su oponente no se vino solo desde Normandía y en las dos primeras filas de ring sus seguidores organizaron un pequeño desembarco con banderas y una especie de espadas láser con los colores de Francia. En tres lados del cuadrilatero se hablaba el mismo idioma, el de 'El Niño', y en uno de ellos con acento galo.

A todos les quemó el asiento en las dos horas que tardó en arrancar la pelea de la noche. Nervios y prisas. El gong de la campana de cada asalto de los combates acercaba cada vez más el momento cumbre;el pabellón se iba quedando pequeño y al vendedor de pipas se le terminaban las bolsas. Y de repente... La música teletransportó a los presentes a ese instante. Al aquí y ahora.Los relojes se pararon y apareció 'El Niño'. Si hasta entonces todo era distinto, a partir de ese momento dio un salto más: único. Cada golpe del torrelaveguense fue coreado y los suyos encajaban las contras del francés a medias. Repartían el dolor y multiplicaban la alegría. La historia tiene desde ayer una hoja más.

 

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