La afición toma fuerzas y calienta motores

Los aficionados disfrutan del cocido montañés elaborado a las puertas del estadio./Sane
Los aficionados disfrutan del cocido montañés elaborado a las puertas del estadio. / Sane

Los colores verdiblancos han teñido Santander en este superdomingo electoral

A. FALAGÁN | M. MENOCALSantander

«Al final mira; el Fuenlabrada va ganando 2-0 al Recre». Alfredo Pérez, sonreía ufano junto a la puerta de la tienda del Racing. Era poco más de la una y muchos, pero que muchos aficionados ya compartían la mañana en los alrededores de los Campos de Sport. El presidente del Racing esperaba a su hijo en el establecimiento verdiblanco que despachaba a un ritmo sostenido como pocas veces se ve, y comentaba la jugada. «Tenemos que disfrutar de días como estos, que son muy especiales», explicaba mientras apostaba por un 3-0. Mucha confianza. Su hijo apostaba por algo más modesto. 2-0.

Oficialmente la fiesta previa al partido comenzaba a la una de la tarde, pero desde algo antes el goteo de racinguistas era constante. Y de algún balear. Aquello del cocido, las brochetas y las cañas junto al estadio siempre funciona y había que calentar motores en una ciudad que bullía de emoción. No solo en los Campos de Sport, sino también en Peña Herbosa, en Pombo, en el Río de la Pila, confundiendo la jornada electoral con el vermú.

En los colegios electorales; en el Pereda, en el Conservatorio Jesús, en las Escuelas Verdes, unos cuantos iban ya a votar a mediodía con la camiseta del Racing. «Uno no; unos cuantos», sonreía un apoderado de esa rara especie de los que se abstraía de la intensidad de un partido que competía en protagonismo con las elecciones.

«A ver si os encuentro una bolsa, porque llevamos unos días que ya ni nos quedan», decía uno de los dependientes de la tienda del Racing mientras despachaba bufandas, camisetas y banderas. Ya se había instalado alguno de los puestos de mercadería verdiblanca, pero la tienda vendía mejor. Quizá por esa fidelidad renovada que inspiró sin querer y contra su voluntad la 'Era Okupa'.

Y mientras, entre papás y mamás casi en número paritario llevando a los futuros racinguistas a los hinchables, entre el gran sofá racinguista montado como 'fotocol', entre caña y caña de un flujo de aficionados cada vez mayor, dejaba ver cómo Santander vivía con intensidad la previa. Ganas de fútbol, de ascenso, de domingo y de celebración. De entusiasmo contenido. De expectativas.

Porque mientras El Sardinero rezumaba verdiblanco Peña Herbosa no le iba muy a la zaga. Cualquier domingo de partido se puede ver alguna bufanda racinguista a la hora del blanco, pero esta vez era diferente. Muchas, pero muchas camisetas del Racing en improvisado cortejo hacia el estadio o de domingo. Y conviviendo con los resistentes de la Peña Mandiola. Eran más de veinte y desde primera hora iban en procesión por la cuidad, entre Pombo, Cañadío y Peña Herbosa. Hasta que al llegar a Bodegas Mazón se toparon de bruces con el centro neurálgico del balearismo: «Manix Mandiola... lololololó...'. El grito inundaba de pronto la larga mesa de Mazón entre las miradas curiosas, divertidos y/o cómplices del racinguismo. Buen rollito, que diría un madrileño de los noventa. Y complicidad. «¿Sois del Racing? A ver si es va bien», decía una ficionado enfundado en la camiseta blanquiazul. «Vosotros vais a subir, pero a la tercera». «Mejor al revés». «Bueno, que subamos los dos». Las camisetas verdiblancas de pronto convivían con las blanquiazules del Baleares y las azulgrana del Eibar. Todo de muchos colorines.

Incluso al Río de la Pila llegaba algo de la marea. Lejos del centro neurálgico del flujo verdiblanco, pero lo suficiente como para que se percibiera lo especial del 'superdomingo' que lo era no solo por los dobles comicios. Al menos en Santander y en toda Cantabria.