Los niños de Los Corrales y Cieza reclaman su derecho a que les cuenten cuentos

Unos 500 niños se manifestaron pidiendo cuentos/Nacho Cavia
Unos 500 niños se manifestaron pidiendo cuentos / Nacho Cavia

Medio millar de chavales se manifiesta por las calles pidiendo mantener una tradición que ha sido secundada en un bando por el Ayuntamiento

Nacho Cavia
NACHO CAVIALos Corrales de Buelna

Érase una vez un día en el que los niños salieron a la calle para pedir a gritos que les contaran cuentos. No fue en un reino lejano ni en un castillo embrujado. Fue este miércoles en Los Corrales de Buelna, unos 500 niños clamando por seguir disfrutando de un cuento «bien contado, como se cuentan los cuentos, con amor y ternura». Así reza el bando que leyó la alcaldesa, Josefina González, ante alumnos de Educación Primaria de Los Corrales de Buelna y de Cieza, firme compromiso del Ayuntamiento a secundar la petición. Apoyo explícito también al proyecto puesto en marcha por la biblioteca municipal de Los Corrales de Buelna y su responsable, Ana Ara, una idea que llevaba rondando años en su cabeza y que ayer vio hecha realidad.

Alumnos de las escuelas unitarias de Cieza y Somahoz y los colegios Pereda, Gerardo Diego y La Salle de Los Corrales de Buelna se manifestaron por las calles del pueblo reclamando, pancartas en mano, su derecho a escuchar cuentos. Había eslóganes para todos los gustos: 'un cuento al día nos llena de energía', 'ni un día sin alimento, ni un día sin cuento', 'siempre que me cuentan cuentos, me salen alas y vuelo'. Así, coreando sus consignas, los manifestantes, secundados por profesores y familiares, llegaron a la plaza de la Pontanilla, donde les esperaba la alcaldesa. El bando era un decálogo de derechos «fundamentales» de los niños. El primero, «el derecho a escuchar los más hermosos cuentos de la tradición oral». El último, «el derecho a escuchar las palabras mágicas que abren la puerta de la imaginación en la ruta hacia los sueños más hermosos de la niñez».

Y es que el proyecto surge del temor a perder esa tradición oral, «de ver en cada visita que los niños hacen a la biblioteca como se pierde la costumbre de contar un cuento», decía Ana Ara, algo que «no solo se pierden los niños, también los padres se lo están perdiendo». Ella hablaba de la necesidad de compartir «tiempo de calidad» entre padres e hijos, y qué mejor que un cuento en la mano. «Es fundamental que los niños escuchen historias, cuentos, para un mejor desarrollo cognitivo y emocional», decía.

La alcaldesa también reclamaba «la importancia de aprovechar esos momentos entre padres e hijos que se pierden irremediablemente cuando crecen» y abogaba por «la labor de los cuentos, estableciendo lazos entre unos y otros».

En la plaza de la Pontanilla, mientras Julianini entretenía a los niños y mayores con sus cuentos, otro contador, Cristóbal Martínez, uno de los dinamizadores de historias para niños de la fiesta de Guerras Cántabras, valoraba muy positivamente la iniciativa, «más si viene del Ayuntamiento y de la biblioteca con el apoyo de los colegios». «Es fundamental crear estos vínculos entre los niños, los adultos y los libros».

Charo Arguello Díaz, profesora de La Salle, alababa la iniciativa y el ambiente creado por el proyecto. «Es de agradecer que la biblioteca defienda una tradición que tanto necesitan los niños·

Marta Alonso, profesora del Pereda, aseguraba que «todo lo que sea animar a niños y familias a compartir tiempo leyendo cuentos debe ser bienvenido y apoyado, posibilitar que juntos atravesemos el mundo de la fantasía, que tanta falta hace especialmente en estos tiempos».

Junto a Ana Ara estaba el concejal de Educación, Cultura y Ciudadanía, Roberto del Val, «firme defensor de cuantas iniciativas salen de la biblioteca, más esta, que nos insta a que todos seamos conscientes de la importancia de contar cuentos a nuestros niños, sobre todos a los más pequeños». Fue el encargado de explicar que el proyecto se presentó este año a los premios nacionales María Moliner y la biblioteca ha sido galardonada, una vez más, en ese certamen. También alabó un servicio público que ha puesto en marcha otras iniciativas tendentes a favorecer la lectura, como el proyecto 'Un bebé, un libro', por el que se regala a las familias que han tenido un recién nacido una pequeña canasta con los primeros libros del futuro lector, «todo ello para reforzar la idea de que los niños tienen derecho y necesitan para su desarrollo escuchar cuentos».

Quizá, como decía Adrián, un pequeño estudiante ensimismado con el cuento del ratón de Julianini, sea cierto que la biblioteca es el 'supermercado de los cuentos', una galería de historias y fantasía que hace que cuantos se acercan puedan decir aquello de «fueron felices y comieron perdices».

 

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