El secreto de Rafi Escobedo

Escobedo en el penal de El Dueso/Sé Quintana
Escobedo en el penal de El Dueso / Sé Quintana

Los marqueses de Urquijo son asesinados en su mansión. El caso vierte ríos de tinta y genera enigmas que perviven 38 años después

JOSEBA VÁZQUEZ

El miércoles 27 de julio de 1988, a mediodía, Rafael Escobedo, de 33 años, aparecía ahorcado con una sábana en su celda del penal cántabro de El Dueso. Se determinó que el suicidio fue la causa de su muerte, aunque seis meses después el entonces juez instructor de Santoña y hoy ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, resolvió que el fallecido había recibido ayuda para quitarse la vida. Otra pieza en el aire flotando sobre un confuso tablero de ajedrez.

La oscura partida había comenzado casi exactamente ocho años antes, la madrugada del 1 de agosto de 1980, cuando María Lourdes Urquijo y Morenés, de 45 años, y Manuel de la Sierra y Torres, de 54, marqueses de Urquijo y suegros de Escobedo, fueron asesinados de varios disparos a bocajarro en su lujosa mansión de Somosaguas. La noticia impactó a la España que ese día iniciaba sus vacaciones y a la que regresaba de ellas. El sello aristócrata del matrimonio, propietarios de uno de los principales paquetes accionariales del Banco Urquijo, convirtió el suceso en uno de los hechos delictivos con mayor seguimiento mediático en el país. El crimen del siglo, como se le bautizó, ha alimentado varias películas y libros, el último publicado hace apenas diez meses.

En el momento de su suicidio, Rafi Escobedo era el único condenado por el asesinato de sus suegros. El joven, casado en 1978 con la hija de los marqueses, Myriam, fue condenado por la Audiencia de Madrid a 53 años de cárcel por cometer el homicidio «por sí solo o en unión de otros». Este fue el fallo después de un farragoso juicio en el que se presentaron liosas pruebas y testimonios contradictorios y en el que se llegó a implicar al hijo de los fallecidos, Juan.

Aunque culpaba a los finados del fracaso de su matrimonio con Myriam, de la que ya vivía separado, Escobedo proclamó permanentemente su inocencia durante el proceso y con posterioridad a él. La mayor prueba en su contra, una firma de confesión que atribuyó a un pacto con la Policía, desapareció enigmáticamente de los archivos. En 1990, el marqués de Torrehermosa, Mauricio López-Roberts, fue condenado a diez años de prisión como encubridor. Falleció hace cuatro años. En 1987, un íntimo amigo de Escobedo, Javier Anastasio, huyó de España y en 2010, al prescribir el delito, se retiraron los cargos que pesaban sobre él como coautor. En varias entrevistas, Anastasio apuntó que el crimen fue realizado por un profesional y que en el móvil anidaban intereses políticos y financieros.

Numerosos episodios extraños envuelven el asunto. La pistola del asesinato desapareció, al igual que cantidad de pruebas, un reportero encontró un casquillo de bala en un cubo de la basura de la casa, el administrador de los marqueses ordenó lavar los cadáveres y destruir documentos de la caja fuerte, alguien llamó al semanario de sucesos 'El Caso' antes que a la Policía,... Todos los ingredientes de una perfecta trama de misterio. Crónica negra, ¿crónica inconclusa?

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