De nuevo alimentación y cáncer

José Enrique Campillo
JOSÉ ENRIQUE CAMPILLO

Proliferan en numerosos los medios de comunicación abundantes mitos y desafueros nutricionales respecto al cáncer. También hemos tratado algunos aspectos relacionados con esta plaga desde estas líneas. Volvemos sobre el asunto por su indudable interés y aprovechando una reciente publicación en la mejor revista científica del mundo: Nature Immunology. El artículo resalta la importancia de la alimentación en relación con el cáncer, tanto para promoverlo, como para prevenirlo. Pero esta relación no es lineal como sucede con la radiación U.V y el melanoma o el tabaco y el cáncer de pulmón.

La nutrición influencia el cáncer indirectamente a través de dos mecanismos esenciales de nuestras células immunológicas. Una es la autofagia, es decir el ‘tragarse’ aquellas células que se han vuelto raras por cáncer o por envejecimiento. El otro es la vigilancia policial de nuestras células blancas para detectar a las células que se salen de madre.

Salvado de trigo.

En esta revista se establecen cuatro circunstancias nutricionales que pueden prevenir el cáncer, o incluso favorecer su tratamiento. Uno de estos nutrientes es la vitamina B6 o piridoxina. Su abundancia en la dieta reduce el riesgo de algunos tumores sobre todos los del tracto gastrointestinal. Esta vitamina penetra en la células cancerosas, se transforma en un metabolito dentro de ellas y las destruye. Los alimentos que más vitamina B6 aportan son los cereales integrales como el arroz y el trigo y el salvado de trigo. También pistachos, ajos crudos, hígado, pescado azul, semillas de girasol, magro de cerdo y avellanas.

En segundo lugar está la vitamina D. Sus valores elevados en sangre ejercen un doble efecto sobre el cáncer. Por un lado un efecto preventivo en algunos tipos de cáncer y, por otro, mejora el pronóstico en algunos pacientes de cáncer. La vitamina D, además de la luz del Sol, abunda en aceites de hígado de pescado, sobre todo de bacalao, en el pescado azul, como salmón, caballa y sardinas, en huevos enteros y en los numerosos alimentos fortificados artificialmente con esta vitamina que abundan en nuestra nevera o despensa (lácteos, cereales, etc.). El café, la cafeína, cuando se consume con moderación ejerce efectos antiinflamatorios y confiere protección frente a algunos tipos de cáncer.

El micronutriente más interesante es la espermidina, llamada así por su abundancia en el esperma humano, de donde se aisló por primera vez. No se asusten, este micronutriente es muy abundante en el queso curado, en la soja, legumbres como guisantes y garbanzos, brócoli, coliflor, cereales integrales y también se sintetiza en las bacterias intestinales. La espermidina activa los mecanismos de autofagia estimulando la misión de limpieza de las células inmunológicas. Existen muchas evidencias científicas que muestran que un estilo de vida con exceso de calorías, obesidad, sedentarismo, exceso de ingestión de grasas y de azúcares y consumo de poca fibra reducen los mecanismos de vigilancia inmunológica que es el primer frente de lucha contra la transformación cancerosa de nuestras células.

Una dieta sana y un estilo de vida activo y sin tóxicos es nuestra mejor opción para reducir las consecuencias de esta lotería fatal que es el cáncer.

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