La discordia en el bipartito se fraguó en la cesión de Sodercán al PSOE

Rafael de la Sierra (PRC) y Ramón Ruiz (PSOE) se dan la mano durante las negociaciones del pacto de Gobierno.
Rafael de la Sierra (PRC) y Ramón Ruiz (PSOE) se dan la mano durante las negociaciones del pacto de Gobierno. / Roberto Ruiz
  • Tras las turbulencias por las basuras de Guipúzcoa y el protagonismo municipal, la exigencia de Podemos de cesar a Salvador Blanco ha acabado por enfrentar a los dos socios de Gobierno

Lejos de ese papel protagonista que muchos atribuyen a Podemos en la crisis interna que ahora padece el bipartito, otros sólo le conceden el beneficio de haber sabido elegir muy bien en qué llaga meter los dedos. Sodercán es sagrado para el PSOE y en el PRC todavía duele haber cedido a su socio de Gobierno la empresa pública que gestiona los fondos de la inversión industrial en la región. Por eso, supeditar la aprobación de las cuentas de 2017 a la destitución de su director, Salvador Blanco, sólo ha reabierto una herida que ya existía entre ambos. «Esto explota ahora, pero hay mar de fondo desde hace un año», reconoce en los pasillos del Parlamento un diputado regionalista, a pocos metros de la sala en la que los dos partidos diseñaron el pacto para volver de la mano a Peña Herbosa.

Fue desde ese primer minuto de la coalición, en junio del año pasado, cuando empezó a gestarse el canibalismo político al que hemos asistido en los últimos días, con la fiesta de la Bien Aparecida de fondo y con el recuerdo de aquel «seré generoso con el PSOE» que Miguel Ángel Revilla lanzó durante la campaña electoral. Un altruismo que en ciertos sectores regionalistas creen que se llevó demasiado lejos.

El propio presidente cántabro, durante la Ejecutiva de su partido de esta semana, dio el pistoletazo de salida a una campaña de presión al PSOE con un eslogan muy definido: «Los intereses generales de Cantabria están por encima de los de intereses personales». Es decir, si la aprobación del Presupuesto depende de que Blanco se marche, no hay debate. Revilla, incluso, fue más rotundo en la misma puerta del santuario de la Bien Aparecida: «No hay nadie imprescindible».

Durante estos días se ha vinculado esta frase a la inmolación voluntaria de Javier López Marcano, cuando renunció a su acta de diputado y a un cargo en el Gobierno para que Podemos apoyara al líder regionalista en su investidura. Pero también hay otro protagonista, del que no se ha hablado esta semana, que también se vio perjudicado gravemente cuando Sodercán cayó del lado socialista: Francisco Martín.

El consejero de Industria, Innovación, Turismo y Comercio fue el gran fichaje de Revilla y, a la postre, el principal damnificado del reparto de poder. «Es un fuera de serie y sabe de todo», dijo de él, mientras en el PSOE se revolvían por el cambio de camiseta de Martín –consejero de Medio Ambiente con ellos en la anterior etapa del bipartito– y en ciertos foros regionalistas no entendían cómo la dirección confiaba en un foráneo para un cargo que parecía muy jugoso pero que luego no lo resultó tanto.

Consejería sin músculo

Revilla le tenía reservado a Martín el papel de súperconsejero al mando de Industria, un área con el que estaba obsesionado y que quería conservar bajo el control regionalista como fuera. No en vano, lo veía como la pieza clave de ese cambio de modelo económico que quería implantar en la región. Pero ya decía Nietzsche que «toda convicción es una cárcel». Y el PRC tuvo que amputar Sodercán a Industria para escapar de ella. La superconsejería se quedó sin músculo y Martín a la espera de ver quién gestionaría su dinero desde el Parque Científico.

El reparto no sólo provocó que en el día a día hayan surgido fricciones y malentendidos entre los gestores de Industria y los de Sodercán. Hay dos gestos reveladores de que Martín no sólo no ha olvidado el agravio sino que, como dicen desde el PP, las peticiones de la oposición para que la empresa pública regrese a la órbita de Industria «le suenan a campanas celestiales».

La primera fue en la presentación de los presupuestos de su Consejería, allá por noviembre del año pasado, cuando no defendió la cesión de Sodercán al PSOE ante los ataques de la oposición. «De ese tema –dijo– no voy a decir absolutamente nada. Lo siguiente que se dirá, se dirá en sede parlamentaria». Y el segundo gesto fue al mes siguiente, cuando PP, Podemos y Ciudadanos aprobaron por mayoría en la Cámara que la empresa volviera a Industria. Martín se ausentó de ese pleno en el que PRC y PSOE votaron en contra de la propuesta, que el Gobierno nunca llegó a tomar en consideración. Pero no sería la última vez que Sodercán fuera protagonista en el hemiciclo.

Vuelta de Salvador Blanco

La elección de Salvador Blanco como director del organismo no dejó indiferente a nadie. La vicepresidenta, Eva Díaz Tezanos, que había conseguido arañar áreas de un lado y otro para dirigir una consejería ‘cajón de sastre’, mezclando universidad con medio ambiente, puso al frente de la mayor empresa pública de Cantabria a la persona que ya la dirigió en la anterior etapa del bipartito, entre 2008 y 2011. A nadie se le escapó que, en ese momento, Sodercán estaba siendo investigada por la Audiencia de Cantabria por los millones de euros inyectados en la fábrica de fibroyeso GFB durante, precisamente, el tiempo en el que Blanco estuvo al frente. No ha sido hasta este verano, un año después, cuando el tribunal zanjó el caso con responsabilidades mínimas, además de exonerar de toda culpa a Sodercán.

Pero su nombre volvió a estar en la picota cuando se hizo público el informe del interventor en el que detectaba irregularidades en su gestión entre 2008 y 2010. Si la empresa ya había acaparado los focos políticos hasta entonces, en ese momento se convirtió en un problema mucho más serio para el Gobierno, al ver como su ‘socio en la oposición’, Podemos, convertía a Sodercán en la bandera de su lucha contra la corrupción. A pesar de que Tezanos haya repetido hasta la saciedad que Blanco «ni está imputado, ni denunciado», el Parlamento aprobó por mayoría su reprobación y, después, su destitución. De nuevo, sin que el Gobierno lo tuviera en cuenta.

PRC y PSOE defendieron con una sola voz su independencia para decidir los cargos en la Administración, pero ahora, con la aprobación del Presupuesto en el aire, las posturas no son tan firmes. Mientras Francisco Martín asiste desde la barrera a la presión sobre la persona que dirige la que iba a ser su principal herramienta de gestión, los regionalistas asumen que la marcha de Blanco es un precio razonable por los votos morados. Una postura que duele en el PSOE hasta el punto de reprobar a su socio «ser rehén de Podemos».

Ataque a Marcano

Pero si algo ha encendido el malestar en el PRC contra los socialistas son las insinuaciones sobre la «verdaderas razones» de la marcha de Javier López Marcano. El dirigente de Torrelavega aún tiene mucha fuerza en determinados sectores del partido y Revilla ha salido en defensa de la honorabilidad y del sacrificio que hizo su exconsejero, pero tampoco es ningún secreto que su marcha no provocó demasiadas lágrimas, más bien lo contrario, entre algunos miembros de la dirección del PRC.

A las tiranteces por Sodercán ya se habían sumado, para entonces, otros dos encontronazos públicos entre los socios de Gobierno. El protagonismo municipal puso a prueba muy pronto las costuras de la alianza. El acuerdo autonómico se trasladó con buena nota a los ayuntamientos, pero la Federación de Municipios (FMC) quedaba huérfana tras la salidad del PP y una legislatura de disputas internas. El PRC ya tenía pactado que el nuevo presidente saldría de sus filas –Pablo Diestro, alcalde de Reocín–, pero los socialistas, inmersos en una carrera para no ceder ni un metro de protagonismo a los regionalistas, hicieron el amago público de postularse.

«No renunciamos a presidir la FMC. Es cierto que el PRC tiene más alcaldes que el PSOE, pero los socialistas tenemos responsabilidades de gobierno en municipios que reúnen un mayor numero de habitantes», argumentó su secretaria de Política Municipal del PSOE, Isabel Fernández. Un discurso que incendió en aquel momento a su socio regionalista.

Y después llegaron las basuras de Guipúzcoa. El acuerdo negociado, pactado y firmado entre Eva Díaz Tezanos y su compañero de filas vasco, el diputado de Medio Ambiente José Ignacio Asensio, hizo torcer el gesto a Miguel Ángel Revilla y a su consejero de Presidencia, Rafael de la Sierra, y obligaron a la líder socialista a someterlo a la votación del Parlamento. Con PP y Podemos en contra, solo un acuerdo con Ciudadanos salvó el ingreso de 9 millones de euros a cambio de recibir 128.000 toneladas de residuos foráneos.