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El Racing, un equipo enrachado

Berto Cayarga cuajó una gran actuación ayer. Logró un gol de bella factura al marcar una vaselina. /Daniel Pedriza
Berto Cayarga cuajó una gran actuación ayer. Logró un gol de bella factura al marcar una vaselina. / Daniel Pedriza

Los catorce fichajes confirman las expectativas y el Racing se supera cada domingo

Marcos Menocal
MARCOS MENOCALSantander

Dinámicas, sensaciones... El discurso del fútbol versa, con bastante frecuencia, sobre cosas intangibles que son la clave para entender este negocio. Se recurre a lo inexplicable para comprender de la mejor manera aquello que nadie sabe porqué ocurre. Por mucho que trate Iván Ania de convencer al personal, lo de cambiar al delantero después de media hora de juego y que el jugador que lo sustituya entre y marque con la suela de la bota no se lo cree ni él. Quince segundos le bastaron a Jon Ander para reivindicarse y para que los amantes de las dinámicas sacasen pecho. El Racing está en esa bendita tesitura en la que casi todo lo que hace le sale bien y si no, nunca se vuelve en contra. Todo lo contrario a la dichosa y enfermiza pasada temporada en la que se acatarraba hasta el gato en una tarde como la de este sábado. De treinta grados.

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El Racing dominó y aplastó al Langreo casi sin darse cuenta gracias a que el equipo muestra una superioridad alarmante y a que las sensaciones -esas mágicas virtudes que nadie sabe muy bien qué son, pero de las que todo el mundo habla- son inmejorables. Así como el temido empate a cero otrora hacia daño y envenenaba al personal ahora es un tránsito aceptado por todos de buen grado. Ni tan siquiera Ania -manojo de nervios- se altera en exceso porque de un modo u otro, se palpa en el ambiente que el gol va a llegar.

«No podemos perder este partido en la vida», se repetía una y otra vez en el palco y en la zona noble de los Campos de Sport. Y es que el Racing parece que va cuesta abajo; nada parece estorbarle. Hasta la fecha lo que apuntaban sus catorce fichajes se ha cumplido y si con alguien se equivocaron las malas lenguas fue para bien. Su defensa no comete un error, su centro del campo cada vez que cambia mejora y en al delantera nadie quiere oír ni hablar de que falta el 'jugador franquicia'. Sensaciones.

Los jugadores arriesgan, los delanteros aciertan, los no habituales se superan; la dinámica es positiva

Aitor Buñuel, ocho de ocho. Pleno. El único que no tiene recambio no solo juega por obligación, es que es de los mejores. En el centro de la zaga; Figueras, Óscar Gil y Olaortua. Los dos últimos se alternan y el primero, al que le exigían ser el jefe lo es. Este sábado marcó un gol, el tercero de un central, que demuestra su confianza; la paró, se la colocó con una pierna y la pegó con la otra. Ni Gonzalo ni Regalón fueron capaces de intentar algo así en 38 partidos. Ni tan siquiera Granero, el jugador de calidad reconvertido. Dinámica. En el lateral izquierdo se lesiona Rulo, sale Castañeda y mejora el presente. En el centro del campo, con Kitoko lesionado -supuestamente el fichaje estrella para la posición- nadie echa de menos a los que no están. A la versión mejorada de Quique Rivero la supera -cuando es necesario- la presencia de un Rafa de Vicente que siempre cumple. Nada que decir de Sergio Ruiz a quien le da el viento de culo ¿Hubiera intentado el chaval un autopase en la frontal del área en otras circunstancias? No, rotundamente no. Sin embargo esa dinámica que vive el Racing desata el corsé a los más disciplinados.

En este equipo parece que al único al que se le nota la tensión es a Iván Ania que corre más en el banquillo que cuando era futbolista. Este sábado volvió a disfrutar en su sitio después de dos días de exilio obligado por la sanción de dos partidos. El asturiano es eléctrico, todo lo que no parece hacerle falta a su equipo que mata por aplastamiento.

Quique Rivero, un habitual a quien de vez en cuando le toca sentarse en el banquillo. Lejos de salir apagado, se inventó un pase a las primeras de cambio que dejó solo a Cayarga. Un gol de tiralíneas. Rivero apostó por un pase de veinte metros arriesgado, Cayarga por una vaselina para definir... Cuestión de confianza. El balón del cántabro fue al pie y el toque del asturiano entró botando en una arrebato de supremacía. Dinámica.

En las gradas se cantó el «¡Olé, olé!» y se hizo la ola. En definitiva, no hay ningún fichaje que desentone. Ninguno se queda atrás y no existe un ejemplo de un jugador que no tenga hueco en este equipo. Nadie parece titular del todo. Esas sensaciones tan manidas permiten a todos los estamentos hacer su trabajo a favor de obra; el público disfruta y no se enfada; Ania puede dar oportunidades o cambiar a jugadores cuando pensando en el siguiente partido una vez que se ha resuelto el anterior y los jugadores pueden 'inventar' sin el temor al fracaso y a la pitada. Hasta los Campos de Sport protestan las tarjetas a sus rivales en un gesto de condescendencia.

Y entonces, sale un futbolista que no juega desde la jornada uno y la primera pelota que toca lanza una vaselina que de haberla metido algún argentino abriría los informativos. Álvaro Cejudo fue la confirmación del que el Racing está de dulce.

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