Queso con membrillo, el postre que nunca pasa de moda

En la noche de bodas, las novias griegas mordían la carne de esta fruta para que el primero de sus besos fuera muy agradable y apasionadamente sabroso

Queso con membrillo, el postre que nunca pasa de moda
Diego Ruiz
DIEGO RUIZSantander

Es el postre que nunca pasa de moda. Ese que es un fácil recurso a la hora de elaborar el apartado dulce de los menús del día. Gusta a casi todos y nunca defrauda. Llena, si la comida ha sido fugaz, y endulza como nada. Se trata del queso con membrillo. Queso fresco o tipo nata, da igual, ya que ambos le van como anillo al dedo a esta pasta hecha con la pulpa de un fruto que tiene su pequeña historia. El plato es sencillo de realizar: un buen trozo de queso y una proporción similar del dulce de membrillo, que puede ser casero o industrial. Cuchillo, tenedor y a disfrutar. Su precio, además, es de lo más económico.

El dulce de membrillo dicen los estudiosos que es originario de España, en concreto del sur de nuestro país y, al parecer, centrado en el entorno de Puente Genil, una bonita ciudad cordobesa. Parece que griegos y romanos se encargaron de traer los primeros membrilleros para goce y disfrute de nativos e invasores.

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Por entonces, el membrillo estaba considerado en Grecia como el fruto del amor y la fecundidad. Por ello, todos los árboles membrilleros estaban consagrados a la diosa Afrodita, de rubia melena larga, esposa de Hefesto y amante de Ares.

Se dice que las novias griegas, en su primera noche de bodas, mordían la carne de esta fruta para que el primero de sus besos fuera muy agradable y apasionadamente sabroso.

El dulce de membrillo se consigue tras cocer en agua, durante unos 45 minutos, las piezas de frutas. Una vez dado este primer paso, se extrae la pulpa y se vuelve a cocer, esta vez con azúcar, empleando un 80 por ciento de la carne del membrillo que se utilice. Una vez espesada la mezcla, suele tardar unos diez minutos, la elaboración está lista para consumir, una vez enfriada.

Después habrá que buscar un queso para completar el postre. El que más nos guste y que, en Cantabria, abunda. Una buena opción: el de los monjes de Cóbreces.